El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, viajó a Barranquilla y sostuvo una reunión con el presidente de Colombia, Abelardo de la Espriella. El encuentro se produjo en un contexto de relaciones bilaterales marcadas por diferencias en materia de seguridad y política antinarcóticos, asuntos que han definido la agenda entre Washington y Bogotá en los últimos años.
Según el reporte de Infobae, la conversación giró en torno a la seguridad como condición para el desarrollo. Rubio sostuvo que sin seguridad no es posible avanzar hacia la prosperidad, una frase que resume la posición tradicional de Estados Unidos frente a Colombia: cooperación en defensa y lucha contra el narcotráfico como pilares de la relación.
El jefe de la diplomacia estadounidense fue más allá y lanzó una crítica directa al Gobierno anterior de Gustavo Petro. Calificó los últimos cuatro años como una "aberración", en referencia a la política de "paz total" y a los cambios en la estrategia antinarcóticos que, según críticos dentro y fuera de Colombia, debilitaron la cooperación con Washington y elevaron los cultivos de coca a niveles históricos.
El escenario elegido, Barranquilla, no fue casual. La ciudad es un polo industrial y portuario del Caribe colombiano y sede de eventos internacionales de alto nivel. Recibir a un secretario de Estado en territorio colombiano envía una señal política sobre la voluntad del nuevo Gobierno de reabrir canales de diálogo directo con Estados Unidos, principal socio comercial y aliado estratégico de Colombia en materia de defensa.
Para la ciudadanía, el tema central del encuentro toca de cerca. La seguridad ciudadana, el control del narcotráfico y la lucha contra organizaciones armadas ilegales son asuntos que afectan la vida cotidiana en regiones como el Cauca, Catatumbo, Putumayo y Arauca. Cualquier giro en la cooperación bilateral puede traducirse en más o menos operativos, más o menos recursos, y en cambios en la estrategia militar y policial sobre el terreno.
Desde el punto de vista institucional, la reunión marca el tono de la relación con la Casa Blanca bajo el mandato de Abelardo de la Espriella. Gobiernos anteriores, incluido el de Iván Duque, mantuvieron una alineación estrecha con Washington en política antinarcóticos. El de Petro abrió una etapa de fricciones, con declaraciones cruzadas sobre la fumigación con glifosato, la aspersión aérea y la presencia de militares estadounidenses en bases colombianas.
Rubio, senador por Florida antes de asumir como secretario de Estado, es una figura cercana a las políticas duras contra el narcotráfico y el crimen organizado en Latinoamérica. Su visita a Barranquilla y sus declaraciones sugieren que Washington apuesta por una recomposición rápida de la alianza con Colombia, ahora bajo una administración afín a su visión de seguridad regional.
Queda por verse si el nuevo Gobierno colombiano responderá con gestos concretos: ajustes en la política antinarcóticos, cambios en la cooperación militar, decisiones sobre la presencia de tropas extranjeras en territorio nacional o nuevas rondas de diálogos con grupos armados. Por ahora, el encuentro en Barranquilla deja una señal clara: la seguridad vuelve al centro de la agenda bilateral entre Colombia y Estados Unidos.
