El presidente Abelardo de la Espriella subió el tono del debate político con una declaración dirigida a sus contendores. “Los vamos a derrotar en las urnas”, dijo el jefe de Estado, en una intervención que se conoció este lunes y que reavivó la discusión sobre la campaña anticipada.
La frase más comentada fue una sentencia de corte bélico: “No hay contemplación ni en el campo de guerra ni el campo electoral”. Con esa fórmula, el presidente equipará la disputa democrática con un escenario de confrontación, lo que abrió la lectura sobre el espíritu con el que su Gobierno encara la competencia por el favor del electorado.
De la Espriella también respondió a la pregunta de por qué entró en campaña en lugar de concentrarse en la gestión. Con esa intervención dejó en evidencia que la frontera entre la Presidencia y la actividad proselitista se ha vuelto tema central de la agenda mediática.
La discusión de la campaña anticipada tiene reglas claras en Colombia. La Ley 1475 de 2011 prohíbe la realización de actividades de proselitismo fuera de los plazos legales y establece sanciones para quienes las promuevan. Cualquier funcionario que use su cargo para favorecer a un candidato puede enfrentar investigaciones por parte de las autoridades electorales.
El episodio ocurre en un momento sensible para la política nacional. El calendario electoral y la duración de las campañas son un asunto que la Registraduría y el Consejo Nacional Electoral vigilan de cerca. Cuando un presidente en ejercicio se refiere a la campaña con ese tono, la atención se traslada a las garantías para los demás competidores y al cumplimiento de la ley por parte de la Casa de Nariño.
En la oposición, la lectura inmediata fue que el jefe de Estado rompió el principio de neutralidad que la Constitución le exige. Sectores críticos recordaron que los servidores públicos deben actuar con imparcialidad en los procesos electorales, una obligación que el propio Gobierno está obligado a recordar, no a cuestionar.
En el campo oficial, en cambio, la frase se interpretó como una muestra de determinación. La idea de “derrotar en las urnas” a los rivales se presenta como la respuesta a quienes, según el Gobierno, quieren desconocer los resultados o debilitar las instituciones desde la calle.
La declaración deja varias preguntas abiertas. ¿Usará el presidente escenarios oficiales para actividades de proselitismo? ¿Se abrirá una investigación por presunta campaña anticipada? ¿Cómo reaccionarán los demás candidatos? Lo que sigue es el pulso entre el relato presidencial y las decisiones de los organismos de control.
Por ahora, la frase ya cumplió su efecto: puso la campaña en el centro del debate y obligó a medios y analistas a discutir los límites entre la comunicación presidencial y la actividad proselitista en Colombia.
