El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, aseguró que la instalación de una base militar estadounidense en Colombia es una posibilidad que sigue sobre la mesa. La declaración se dio después de un encuentro con el presidente Abelardo de la Espriella, según reportó Infobae.
Rubio condicionó el avance de cualquier iniciativa de este tipo a que la propuesta nazca del lado colombiano. Una vez que las autoridades nacionales planteen la idea, el asunto deberá pasar por revisiones logísticas, operativas y de seguridad que involucren a Washington y a Bogotá.
La reunión entre Rubio y De la Espriella se enmarca en la agenda bilateral que ambos gobiernos han mantenido sobre cooperación en defensa, lucha contra el narcotráfico y seguridad regional. Colombia es uno de los aliados históricos más cercanos de Estados Unidos en América del Sur, con acuerdos de cooperación vigentes desde hace décadas.
En el terreno operativo, Estados Unidos ya mantiene presencia militar en Colombia a través de programas de asesoría, entrenamiento de fuerzas especiales y operaciones conjuntas contra organizaciones narcoparamilitares. La posible apertura de una base física representaría un paso más allá de la cooperación actual, que se sostiene sobre todo en acuerdos de cooperación técnica y asistencia.
Para los ciudadanos, el tema toca fibras sensibles por el recuerdo de la base de Manta, en Ecuador, o las antiguas instalaciones en Tres Esquinas, que durante años alimentaron debates sobre soberanía y presencia extranjera. Una decisión de este calibre suele pasar por el Congreso colombiano y por controles de la Corte Constitucional, dado que involucra tratados internacionales.
La Cancillería y el Ministerio de Defensa no habían informado, al momento de la declaración de Rubio, sobre si existe un pedido formal colombiano. En escenarios anteriores, distintos gobiernos han negado públicamente la posibilidad de nuevas bases, aunque han admitido cooperación operativa sin presencia permanente.
Desde el punto de vista regional, una base estadounidense en Colombia cambiaría el equilibrio en zonas como el Caribe y la frontera con Venezuela, donde ya existen alertas por presencia de grupos armados y redes de narcotráfico. Analistas consultados en otras ocasiones han señalado que cualquier movimiento de ese tipo genera reacciones en Caracas y en actores armados ilegales.
Rubio no fijó un plazo ni entregó detalles técnicos sobre la propuesta. Su mensaje fue de apertura diplomática: dejó la puerta entreabierta, a la espera de que la contraparte colombiana concrete los términos. Por ahora, la pelota está en la cancha del gobierno de De la Espriella, que deberá definir si eleva o no un pedido formal.
El tema queda entonces en una fase exploratoria. Cualquier paso siguiente depende de decisiones internas en Colombia, de los tiempos legislativos y de las conversaciones que sigan en el canal diplomático entre Bogotá y Washington.
