El diario El Nuevo Siglo publicó un balance de la gestión económica del gobierno en el que concluye que las tareas pendientes superan a los logros. El artículo repasa los frentes en los que, según esa lectura, la administración no alcanzó los objetivos que se propuso, y también señala los rubros en los que hubo avances concretos. La evaluación combina variables fiscales, presupuestales, tributarias y de infraestructura, con lo que traza un mapa mixto del cierre de ciclo.
Uno de los puntos más sensibles del balance es el déficit fiscal. El periódico lo califica como desbordado, en línea con la alerta que distintos analistas venían haciendo sobre la sostenibilidad de las cuentas públicas. En la práctica, un déficit de esas características reduce el espacio para inversión, presiona el costo del financiamiento y obliga a buscar ingresos adicionales o a recortar gastos en momentos en los que la demanda social crece.
El segundo eje es el de los presupuestos desfinanciados. El Nuevo Siglo señala que varios rubros del Presupuesto General de la Nación no contaron con los recursos suficientes para ejecutar las metas previstas. Esa desfinanciación suele traducirse en obras paralizadas, pagos atrasados a contratistas y recortes en programas sociales, lo que termina golpeando a los ciudadanos en servicios concretos como salud, educación o vías terciarias.
El tercer frente son las reformas tributarias que no prosperaron. El diario recuerda que el gobierno intentó impulsar cambios en el sistema de impuestos que no fueron aprobados en el Congreso. Sin una reforma estructural, las fuentes de ingresos del Estado se mantienen limitadas frente a unas necesidades de gasto en aumento, y el desbalance entre lo que se recauda y lo que se gasta tiende a agravarse.
El cuarto capítulo es la infraestructura en crisis. El balance recoge la percepción de que los proyectos de infraestructura vial, energética y de conectividad presentan atrasos y problemas de ejecución. Para la ciudadanía, esta situación se traduce en obras inconclusas, mayores costos de transporte y menor competitividad para las regiones que dependen de esas obras para conectarse con los mercados.
En contraste, el periódico destaca dos logros. El primero es el manejo del Fondo de Combustibles, una cuenta que estabiliza los precios de la gasolina y el diésel y que, según la fuente, registró un comportamiento ordenado durante el período analizado. El segundo es el comportamiento del empleo, con cifras que la nota presenta como un acierto de la administración en medio de un panorama fiscal complejo.
El balance de El Nuevo Siglo se inscribe en una discusión más amplia sobre los márgenes de maniobra del Estado colombiano. Con una deuda pública creciente y una presión de gasto alta, cada decisión de política económica tiene efectos sobre la inversión, la inflación y el bolsillo de los hogares. Por eso, el contraste entre los frentes críticos y los logros puntuales se vuelve relevante para entender qué se pudo hacer y dónde se quedó corto el gobierno.
Para los ciudadanos, el balance tiene efectos prácticos. El déficit fiscal y la desfinanciación presupuestal terminan reflejándose en recortes o demoras en programas sociales y en obras públicas. Las reformas tributarias fallidas dejan abierta la pregunta sobre cómo se financiarán en el futuro los compromisos del Estado. Y los logros en combustibles y empleo muestran que, aun en un contexto difícil, es posible obtener resultados con políticas específicas.
Quedan varios temas por resolver. El primero es si el próximo gobierno recibirá unas cuentas públicas en condiciones de financiar sus prioridades. El segundo es el futuro de los proyectos de infraestructura paralizados o retrasados. Y el tercero es la continuidad de los mecanismos que, según el diario, funcionaron, como el Fondo de Combustibles, cuya operación ordenada es clave para evitar sobresaltos en los precios al consumidor.
