La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, confirmó este miércoles que no viajará a Colombia para acompañar la ceremonia de posesión del presidente electo, Abelardo de la Espriella. Según reportó el medio Análisis Urbano, la mandataria descartó su asistencia y en su lugar envió una representación oficial del Gobierno mexicano.
La decisión marca un punto de atención en el inicio de las relaciones bilaterales entre el Gobierno de Sheinbaum y la nueva administración colombiana. México y Colombia son los dos países más poblados de habla hispana en América y mantienen una relación diplomática sostenida desde hace décadas, con acuerdos comerciales, cooperación en seguridad y vínculos consulares para comunidades migratorias.
La ausencia de un jefe de Estado en una ceremonia de posesión no es habitual en la tradición diplomática latinoamericana, donde suele primar el envío de mandatarios o de altas figuras del Gobierno. Enviar una delegación oficial en lugar de la presidenta busca, según la práctica usual, mantener los protocolos sin que se interprete como un respaldo pleno del Ejecutivo mexicano al nuevo Gobierno colombiano.
Hasta el momento no se ha informado públicamente el motivo específico por el cual Sheinbaum decidió no viajar a Colombia, ni el nombre de quien encabezará la representación mexicana. Tampoco se conocen pronunciamientos oficiales de la Cancillería mexicana sobre los temas bilaterales que se pondrían sobre la mesa con el nuevo gobierno que asumirá el mando.
Desde el lado colombiano, la ceremonia de posesión concentrará la atención de delegaciones de distintos países, así como de organismos internacionales. La presencia o ausencia de mandatarios suele leerse como una señal política sobre la relación que cada Gobierno espera construir con la nueva administración.
Para la ciudadanía, el episodio tiene relevancia porque las relaciones entre Colombia y México abarcan asuntos que tocan la vida cotidiana: visas, cooperación judicial, comercio bilateral, atención a migrantes y políticas regionales en foros como la CELAC. Una relación más distante o más cercana puede traducirse en más o menos cooperación en esos temas.
Analistas consultados en distintos momentos han señalado que los primeros gestos diplomáticos de un nuevo gobierno, incluidas las invitaciones y las respuestas a ellas, suelen marcar el tono de la relación bilateral durante los primeros meses. Por ahora, México optó por un nivel de representación intermedio, distinto al de un saludo pleno y distinto al de una ruptura protocolaria.
Queda pendiente conocer quién integrará la delegación mexicana que viajará a Colombia, si habrá algún encuentro bilateral durante la jornada de posesión y si se producirán declaraciones oficiales sobre la nueva etapa en las relaciones entre ambos países.
