El jefe de la cartera de Agricultura, Indalecio Dangond, encendió el debate sobre el futuro del arroz en Colombia al afirmar que este cereal dejó de ser un negocio rentable para los productores del país. Sus declaraciones, recogidas por Infobae, se dieron en un escenario donde el funcionario expuso su visión sobre la reconversión del campo colombiano.
Según el ministro, el arroz enfrenta dos problemas centrales: requiere grandes volúmenes de agua y está expuesto a precios volátiles que golpean el ingreso de los agricultores. Esa combinación, a su juicio, hace insostenible el modelo actual de producción arrocera en buena parte del territorio nacional.
Como alternativa, el funcionario sugirió promover cultivos permanentes, entre ellos el marañón, una planta que se adapta a suelos secos y que ya tiene mercados internacionales identificados. Dangond también planteó la necesidad de revisar el modelo de producción ganadera, otro de los renglones tradicionales del agro colombiano, para hacerlo más eficiente en el uso de los recursos.
Las declaraciones generaron una inmediata reacción en el sector arrocero y entre los productores de las zonas donde este cultivo es la base de la economía local. Departamentos como Tolima, Huila, Meta, Casanare y la región de la Mojana sostienen buena parte de su empleo rural alrededor del arroz, por lo que cualquier cambio de política hacia ese cultivo tiene efectos directos sobre miles de familias campesinas.
El arroz es uno de los alimentos básicos de la dieta colombiana y el país produce buena parte del consumo interno, aunque también importa volúmenes significativos en algunos años. El cultivo ocupa cientos de miles de hectáreas y concentra pequeños y medianos productores, así como molinos y comercializadoras que dependen de la cosecha nacional.
La propuesta del ministro se inscribe en un debate más amplio sobre la seguridad alimentaria, el uso del agua y la adaptación al cambio climático. Sectores académicos y gremiales han advertido que cultivos como el arroz cumplen un rol estratégico en la dieta y que reemplazarlos exige estudios técnicos, transiciones graduales y acompañamiento a los productores para evitar afectaciones sociales.
Por ahora, el Ministerio de Agricultura no ha presentado una política pública formal sobre la reconversión arrocera ni sobre una eventual sustitución por marañón u otros cultivos permanentes. Lo que existe es una declaración del jefe de la cartera que abre una discusión pendiente con gremios, productores y entidades territoriales sobre el rumbo del campo colombiano.
Queda por verse si la declaración se traduce en un programa concreto con incentivos, asistencia técnica y financiamiento para los productores que decidan hacer la transición, y si el Gobierno Nacional abrirá una mesa de diálogo con las regiones arroceras antes de adoptar decisiones que cambien el mapa productivo del país.
