El Ministerio de Defensa y el comando de las Fuerzas Militares presentaron una ofensiva dirigida contra Iván Mordisco, señalado como uno de los cabecillas de las disidencias, y contra la red financiera que sostiene a esa estructura armada, según reportó Infobae.
En el anuncio participaron el ministro de Defensa y el comandante de las Fuerzas Militares. La declaración central fue que Mordisco no va a sobrevivir a este Gobierno, una frase que resume el compromiso público de la cúpula castrense con la neutralización del líder disidente.
El comandante de las Fuerzas Militares agregó que el cabecilla se mantiene en Colombia. Esa precisión buscó despejar versiones sobre una posible salida del país y ratificar que las operaciones de inteligencia y combate se concentran en territorio nacional.
Las disidencias a las que pertenecería Mordisco son un factor relevante en el escenario de seguridad colombiano, sobre todo en regiones donde convergen cultivos de uso ilícito, minería ilegal y corredores de movilidad armada. Atacar sus finanzas implica golpear la cadena de pagos, la logística y el reclutamiento.
La ofensiva anunciada se dirige, según la fuente, a la estructura financiera de ese grupo. Esto incluye el dinero proveniente de actividades ilícitas, los testaferros y los mecanismos de lavado, que en varias regiones del país han sido documentados por la justicia y la prensa como soporte de la economía ilegal.
El mensaje del Gobierno tiene un componente político claro: mostrar resultados en seguridad y proyectar control sobre los grupos armados no vinculados al proceso de paz. La supervivencia del cabecilla a un Gobierno se convirtió en la vara con la que se medirá el éxito de la operación.
Para la ciudadanía, el impacto de este tipo de operativos se mide en dos planos. El primero es la presencia de tropas y la seguridad en zonas donde las disidencias tienen influencia. El segundo es la efectividad en cortar el flujo de dinero que financia extorsiones, secuestros y ataques a la fuerza pública.
En el corto plazo, las operaciones militares suelen traducirse en combates, capturas y decomisos. En el mediano, lo que se evalúa es si la presión sostenida debilita la comandancia y fragmenta la estructura. Las Fuerzas Militares sostienen que el cabecilla sigue en Colombia y que el cerco continúa.
Queda pendiente la verificación de los resultados en terreno. Anuncios como este suelen acompañarse de balances con cifras de capturas, neutralizaciones y dinero incautado, que las autoridades presentan en las semanas siguientes al lanzamiento de la ofensiva.
