El proceso de empalme entre el gobierno saliente de Gustavo Petro y el equipo del presidente electo Abelardo de la Espriella arrancó con el reconocimiento de que la situación fiscal del país exige decisiones en el corto plazo. Así lo planteó José Manuel Restrepo al señalar que no se dejarán de hacer las revisiones técnicas pendientes.
Restrepo, exministro de Hacienda y figura cercana al proceso de transición, fue directo al plantear que cualquier posible ajuste fiscal será responsabilidad del próximo gobierno. Su declaración deja sobre la mesa un tema sensible: el equilibrio entre los ingresos y los gastos del Estado colombiano, que viene siendo objeto de seguimiento por parte de organismos como el Comité Autónomo de la Regla Fiscal.
En los últimos meses, distintas voces del ámbito económico han insistido en la necesidad de revisar el rumbo de las finanzas públicas. La caída de los ingresos tributarios, el comportamiento de la deuda interna y externa y el ritmo de ejecución del presupuesto nacional son variables que el próximo gabinete deberá ponderar desde el primer día.
El empalme entre administraciones es una práctica habitual en Colombia y tiene como propósito garantizar la continuidad de los servicios del Estado y entregar un diagnóstico claro a quienes llegan. En esta oportunidad, las partes involucradas trabajan en mesas técnicas que cubren áreas como Hacienda, Defensa, Salud, Minas y Energía, entre otras.
La advertencia sobre el ajuste fiscal adquiere relevancia porque llega en un momento en el que el país discute el contenido del Presupuesto General de la Nación para la vigencia siguiente. Cualquier modificación de gran escala, ya sea por la vía del gasto o de los ingresos, necesita el concurso del Congreso y tiene efectos directos sobre los programas sociales y la inversión en regiones.
Para los ciudadanos, el debate fiscal no es abstracto. Una decisión de ajuste puede traducirse en cambios en subsidios, en la malla de inversión pública y en la capacidad del Estado para atender compromisos con maestros, personal de salud, fuerzas militares y contratistas. También puede incidir en la calificación de riesgo soberano y en el costo del crédito.
Dentro de las tareas del empalme está la revisión de los compromisos presupuestales heredados, los proyectos de ley en trámite y los acuerdos de pago vigentes con entidades territoriales. Esa radiografía será la base sobre la cual el nuevo Ministerio de Hacienda, aún sin titular confirmado, deberá construir su propuesta económica inicial.
Hasta ahora, el equipo del presidente electo Abelardo de la Espriella no ha anunciado el nombre de su ministro de Hacienda ni ha detallado su programa económico. La ausencia de pronunciamientos oficiales sobre el rumbo fiscal mantiene la atención sobre las mesas técnicas, donde se concentran las decisiones de fondo.
En el calendario inmediato, el empalme debe entregar un balance completo antes del 7 de agosto, fecha en la que se posesiona el nuevo jefe de Estado. En ese lapso, la discusión sobre el ajuste fiscal, las prioridades de inversión y la estrategia de financiamiento serán los puntos de mayor expectativa para analistas, mercados y opinión pública.
