La práctica habitual en Colombia señala que el presidente que termina su periodo impone al sucesor las condecoraciones que la cabeza del Estado debe entregar. Esa ceremonia suele ocurrir el mismo día de la posesión y forma parte del protocolo de transmisión de mando.
En esta oportunidad, el gobierno saliente encabezado por Gustavo Petro decidió no adelantar esa ceremonia con Abelardo De La Espriella. La ruptura del protocolo quedó registrada en los preparativos logísticos de la transición, donde no se programó el acto.
La tradición se remonta a varias décadas. Cada cuatro años, los mandatarios colombianos han recibido en público las insignias que les corresponden como jefes de Estado, en un gesto que simboliza la continuidad institucional por encima de las diferencias políticas.
Aunque las condecoraciones pueden imponerse en otra fecha posterior, hacerlo fuera del día de la posesión le quita el carácter simbólico que tenía la jornada. La fecha exacta de la posesión y los actos oficiales que la rodean son coordinados por la Casa Militar de la Casa de Nariño y por el equipo de empalme del gobierno electo.
La decisión de omitir la ceremonia ocurre en un contexto de transición marcado por la distancia política entre el gobierno saliente y el entrante. Las relaciones entre los equipos de Petro y De La Espriella han sido tensas durante la campaña y el periodo de empalme, según se ha reportado en distintos medios.
Para la ciudadanía, el episodio tiene un valor principalmente simbólico. Las condecoraciones presidenciales no conceden poderes adicionales al gobernante, pero su imposición marca el inicio formal del nuevo periodo ante la Fuerza Pública y el cuerpo diplomático.
Expertos en protocolo consultados en distintas ocasiones han señalado que saltarse la ceremonia no invalida el ejercicio presidencial. Sin embargo, subrayan que la costumbre servía para enviar un mensaje de respeto republicano entre corrientes políticas distintas.
Lo que queda por verse es si el gobierno de Abelardo De La Espriella recibirá las condecoraciones en una fecha posterior o si el episodio quedará como una excepción dentro de la tradición republicana. Por ahora, ni la Casa de Nariño ni el equipo del presidente electo han confirmado si habrá un acto alternativo.
El hecho reabre el debate sobre el peso de los símbolos en la política colombiana y sobre el cumplimiento de los ritos de Estado, en un año en el que la transición entre gobiernos ha estado rodeada de declaraciones cruzadas entre los dos mandatarios.
