El ministro de Justicia, Iván Cancino, reveló que varias estructuras armadas ilegales han presentado propuestas formales para sumarse a la política de sometimiento que impulsa el Gobierno nacional. Según el funcionario, esas comunicaciones ya fueron recibidas por el despacho, pero aclaró que no se les dará trámite mientras no exista un nuevo marco legal aprobado por el Congreso de la República.
La política de sometimiento es el instrumento mediante el cual el Estado colombiano busca que las organizaciones armadas al margen de la ley entreguen armas, cesen actividades ilícitas y se sometan a la justicia ordinaria a cambio de beneficios penales establecidos en la ley. Ha sido una herramienta recurrente en las últimas décadas para abordar estructuras que no hacen parte de los procesos de paz con grupos específicos.
Cancino fue enfático al señalar que el Gobierno no contempla la posibilidad de otorgar estatus político a ninguna de esas estructuras. Esa aclaración cobra relevancia porque parte del debate público sobre futuros procesos de paz gira en torno a si los grupos en cuestión deben ser reconocidos como actores políticos o tratados exclusivamente como organizaciones criminales.
La decisión de congelar el estudio de las propuestas hasta la aprobación de la nueva ley responde, según el ministro, a la necesidad de contar con un marco jurídico actualizado. Las normas vigentes sobre sometimiento fueron diseñadas en contextos distintos y el Ejecutivo considera que requieren ajustes para responder a la situación actual de seguridad y orden público.
El anuncio llega en un momento en el que distintos sectores han reclamado al Gobierno definiciones claras sobre cómo avanzará la desarticulación de las organizaciones armadas que operan en varias regiones del país. La falta de una ley específica ha generado vacíos en la atención de estas solicitudes y ha dejado en suspenso los plazos y condiciones bajo los cuales podrían concretarse los sometimientos.
Para los ciudadanos, la postura oficial tiene implicaciones directas en zonas donde confluyen múltiples estructuras armadas. En esos territorios, la población civil suele quedar en medio de disputas por el control territorial, restricciones a la movilidad y presiones de los distintos grupos. Un mecanismo de sometimiento efectivo podría traducirse en reducción de violencia y en mayor presencia institucional.
El Ejecutivo ahora concentra su atención en la redacción y presentación del proyecto de ley ante el Congreso. Hasta que esa norma sea debatida y aprobada en ambas cámaras, las comunicaciones de los grupos armados quedarán radicadas sin que se surtan etapas de verificación, negociación ni eventuales acuerdos. El tiempo que tome ese trámite legislativo será, en la práctica, el tiempo de espera para cualquier avance concreto.
Queda pendiente definir el contenido del proyecto: qué delitos serán objeto de sometimiento, cuáles serán los beneficios penales, cómo se garantizarán los derechos de las víctimas y qué mecanismos de verificación se contemplarán. Esos puntos serán centrales en el debate que se abrirá en el Legislativo y que seguramente convocará a víctimas, académicos, operadores de justicia y a los propios grupos armados interesados en acogerse al mecanismo.
