El gobernador de Nariño respondió de manera pública al presidente de la República, Abelardo de la Espriella, luego de que el jefe de Estado formulara una advertencia sobre los eventuales diálogos con grupos armados. Según reportó Diario del Cauca, el pronunciamiento del mandatario departamental giró en torno a la necesidad de no dar marcha atrás en los procesos de construcción de paz en los territorios.
De acuerdo con la información publicada por el diario, el gobernador sostuvo que no es viable pasar de la paz total a la guerra total. La frase, que titula la noticia original, resume el tono de preocupación del gobernante regional ante un posible giro en la política de negociaciones que ha distinguido al Estado colombiano en los últimos años.
La declaración se produce en un contexto de debate nacional sobre los alcances, los límites y los resultados de los acercamientos con organizaciones armadas. El presidente De la Espriella, en su intervención, había dejado abierta la posibilidad de revisar la estrategia de diálogo, lo que abrió una nueva discusión sobre la continuidad de la política de paz territorial.
Nariño es uno de los departamentos donde la presencia de grupos armados y las dinámicas de violencia han marcado la agenda pública. Por eso la voz del gobernador tiene peso específico en la discusión nacional. Su defensa de los avances de la paz territorial apunta a preservar los espacios de interlocución con las comunidades y con los actores armados en el territorio.
La respuesta del gobernador se inscribe en una práctica habitual del sistema político colombiano: los mandatarios regionales suelen pronunciarse cuando las decisiones del nivel nacional afectan directamente la estabilidad de sus departamentos. En este caso, el gobernador eligió la vía pública para fijar una postura clara frente al Ejecutivo.
Según la fuente, el gobernador también destacó los avances logrados en la implementación de la paz territorial, sin detallar cifras ni procesos específicos. La defensa de esos avances se convierte así en un argumento para insistir en que el diálogo, con sus dificultades, sigue siendo una herramienta válida para reducir la violencia en las regiones.
Desde el lado del Gobierno nacional, la advertencia presidencial sobre los diálogos con grupos armados había sido leída por algunos sectores como una señal de endurecimiento de la política de seguridad. La reacción del gobernador de Nariño introduce un contrapeso regional a esa lectura, al poner el acento en los riesgos de una ruptura del diálogo.
Para la ciudadanía, el cruce de declaraciones deja abierta la pregunta sobre cuál será la orientación definitiva del Gobierno en materia de negociaciones con grupos armados. La postura del gobernador sugiere que las regiones con presencia de estos actores buscarán incidir en la decisión final, en defensa de los procesos territoriales.
Por ahora, el debate queda instalado en la opinión pública. El gobernador habló, el presidente advirtió y la sociedad colombiana observa cómo se concilian dos visiones distintas sobre el mismo problema: cómo reducir la violencia sin abandonar el diálogo, y cómo exigir resultados sin romper los canales abiertos con los territorios.
