El presidente Abelardo De La Espriella se desplazó desde la madrugada hasta Cali para encabezar, junto con autoridades locales, la Operación Iron en sectores del centro y oriente de la ciudad. La jornada arrancó en horas de la madrugada y se prolonga con un despliegue inusual de fuerzas del orden en la capital del Valle del Cauca, según reporta El Tiempo.
La operación recibió el nombre de Iron y fue presentada con el lema de devolver el corazón de Cali a los ciudadanos. La frase aparece destacada en la comunicación oficial recogida por El Tiempo y apunta a recuperar la circulación y el uso cotidiano de áreas que, por la actividad de estructuras armadas y economías ilegales, han visto restringido el acceso de residentes y visitantes.
En el terreno trabajan de manera conjunta la Fuerza Pública, la administración distrital y equipos del orden presidencial. La coordinación incluye presencia en puntos críticos donde convergen el comercio informal, el transporte y el paso de habitantes hacia el centro de la ciudad. El extracto de El Tiempo destaca la participación directa del jefe de Estado, que se mantiene en la zona junto al comando operativo desde el inicio de la jornada.
Cali atraviesa desde hace varios años uno de los capítulos más críticos de violencia urbana del país, con presencia de organizaciones como las disidencias de las FARC, grupos de narcotráfico y bandas locales dedicadas al sicariato y la extorsión. Los sectores del oriente, en particular las comunas 13, 14, 15 y 21, han concentrado buena parte de los hechos de orden público y de las alertas tempranas emitidas por la Defensoría del Pueblo en ciclos recientes.
El centro de la ciudad, por su parte, ha sido escenario de hechos como el atentado con un carro bomba en un edificio de la calle 14 con carrera 4 en agosto de 2025, atribuido por las autoridades a una disidencia de las FARC, y la incineración de vehículos en zonas comerciales. Estos episodios llevaron a comerciantes a cerrar locales y a turistas a evitar recorridos por el centro histórico, un sector que concentra patrimonio arquitectónico y buena parte de la actividad turística de la ciudad.
El operativo se produce en un momento sensible para la administración De La Espriella. La seguridad ha sido uno de los ejes discursivos del gobierno, y Cali se ha convertido en un punto recurrente de la agenda presidencial por la escalada de hechos violentos que incluyó además amenazas a la fuerza pública, el asesinato de líderes sociales y la tensión con comunidades de la ladera oeste.
Para los habitantes de Cali el impacto es directo. Comerciantes del centro y estudiantes que se movilizan hacia universidades del oriente dependen de corredores seguros. Sectores como el barrio Colón, San Nicolás, El Calvario y La Alameda han visto cómo el miedo reduce el tránsito peatonal y desplaza la economía local hacia zonas informales.
Las reacciones políticas no se hicieron esperar. Mientras sectores de oposición pidieron claridad sobre los resultados esperados y el respeto a los derechos de las comunidades en la zona intervenida, desde el gobierno se insistió en que la operación tiene fines de protección a la población civil y de recuperación del espacio público. El Tiempo recoge las posturas de ambos lados, aunque el extracto disponible no precisa aún cifras de capturas, Judicializaciones ni zonas intervenidas.
Quedan pendientes varios frentes por evaluar en las próximas horas. El parte oficial sobre el balance de la jornada, el número de capturas y la judicialización de personas vinculadas a redes criminales, así como la continuidad o no del operativo en los días siguientes, son los indicadores que la ciudadanía y la prensa estarán pendientes para medir si la Operación Iron cumple el objetivo anunciado de devolver el corazón de Cali a los ciudadanos.
