La proposición fue respaldada por la senadora Sandra Chindoy, quien pidió que se respete el escenario tradicional de la posesión presidencial. Según el extracto de Infobae, la congresista consideró que el Congreso ofrece la infraestructura suficiente para realizar la ceremonia y argumentó que hacerlo allí evita erogaciones logísticas adicionales para el Estado.
La iniciativa revive el debate sobre el lugar de posesión del presidente Abelardo de la Espriella. La propuesta del Pacto Histórico busca que el acto se quede en la capital y que el jefe de Estado no se desplace a otra ciudad, como el Cauca, donde se había sugerido realizar la ceremonia.
En su intervención, Chindoy fue directa al preguntar cuánta plata le costaría al país un cambio de sede. Con esa frase, la senadora puso sobre la mesa el criterio del gasto público como argumento central para defender la realización del evento en las instalaciones del Congreso en Bogotá.
La tradición republicana en Colombia establece que la posesión presidencial se celebra en la Plaza de Bolívar, en Bogotá, ante el Congreso de la República. El Capitolio Nacional cuenta con salones protocolarios, logística de seguridad y capacidad de transmisión para un evento de esa magnitud.
Cambiar el lugar de la ceremonia implicaría montar un dispositivo especial de transporte, seguridad, comunicaciones y hospedaje para el gabinete, los invitados internacionales, los congresistas y los medios de comunicación. Esos rubros son los que la oposición en el Legislativo busca que se transparenten antes de aprobar cualquier modificación.
La proposición se suma a otros intentos del Pacto Histórico por fijar reglas claras sobre la jornada del 7 de agosto, fecha prevista para la transmisión del mando. La bancada ha cuestionado públicamente la conveniencia de sacar la posesión del centro político del país y llevarla a otro departamento.
Por ahora, la propuesta debe surtir su trámite en el Senado. Si es aprobada, condicionará el protocolo de la ceremonia y obligará al gobierno entrante a sustentar los costos y la logística de cualquier escenario distinto al habitual. Si es rechazada, el debate quedará abierto para cuando se acerque la fecha.
Lo que sigue en el corto plazo es el estudio de la proposición en comisión y la definición del cronograma oficial de la posesión. La discusión también reabre la pregunta sobre si la ceremonia debe mantener su formato clásico o si el nuevo gobierno planea innovar con un escenario regional, decisión que, según la fuente, sigue sin un pronunciamiento oficial detallado.
