El presidente electo Abelardo de la Espriella protagonizó un retiro espiritual con su gabinete en formación, según reportó el portal Infobae. Durante la jornada, el líder apareció con una camándula, se sumó a oraciones colectivas y repartió una Biblia vinculada a su movimiento Defensoría de la Patria, en un acto que combinó lo religioso y lo político.
La actividad se realizó con todo su equipo de trabajo, en un contexto cercano a la toma de posesión presidencial. La imagen de un jefe de Estado electo participando en rituales religiosos y entregando material de una organización con la que se identifica reactivó el debate sobre los límites entre la fe y el ejercicio del poder público en Colombia.
Colombia es un Estado Social de Derecho con separación entre el poder público y las confesiones religiosas, según lo establece la Constitución. A lo largo de la historia reciente, distintos presidentes han profesado credos distintos y han participado en actividades de fe sin que ello haya generado controversia, aunque el uso de símbolos religiosos en actos oficiales suele despertar reacciones en distintos sectores.
El movimiento Defensores de la Patria agrupa a simpatizantes del presidente electo y actúa como plataforma política y social cercana a su figura. La entrega de Biblias con esa marca durante un retiro con colaboradores directos fue leída por sus críticos como una señal de identidad religiosa del nuevo gobierno.
Desde sectores cercanos al petrismo surgieron cuestionamientos públicos al evento. La consigna que circularon fue directa: ¿Y el Estado laico para cuándo? La pregunta apunta al principio constitucional de no confesionalidad del Estado y al temor de que las creencias individuales del presidente se proyecten en decisiones de gobierno.
Defensores del presidente electo han señalado en otras ocasiones que la fe personal no se opone a la neutralidad del Estado. El debate se reaviva cada vez que un gobernante hace pública su práctica religiosa, un terreno donde suelen cruzarse la devoción individual, el simbolismo político y la laicidad institucional.
Más allá de la polémica, el retiro marca el tono del arranque del nuevo gobierno: un equipo que se congrega antes de asumir funciones en un acto que mezcla espiritualidad y cohesión política. El episodio deja planteada una discusión que probablemente volverá cada vez que la fe del presidente aparezca en la escena pública.
Queda por ver si el nuevo gabinete incorpora rituales colectivos similares o si el episodio queda como una excepción. También si el Congreso o los medios abren el debate sobre eventuales decretos, discursos o políticas que pudieran tocarse con creencias religiosas.
