El restablecimiento de relaciones diplomáticas entre Colombia e Israel quedó formalizado tras una conversación entre el canciller designado por el presidente Abelardo de la Espriella, Omar Bula Escobar, y el ministro de Asuntos Exteriores de Israel, Gideon Sa'ar. Según Infobae, ambos diplomáticos sellaron tres acuerdos centrales: el retorno de los embajadores a sus respectivas sedes diplomáticas, la eliminación del requisito de visas entre los dos países y el traslado de la embajada colombiana a Jerusalén.
El acuerdo marca un giro en la política exterior colombiana respecto a Israel, que había atravesado momentos de alta tensión durante los años previos. Durante el gobierno anterior, encabezado por Gustavo Petro, las relaciones bilaterales se deterioraron a raíz de declaraciones del entonces presidente sobre la ofensiva militar israelí en la Franja de Gaza y la ruptura del acuerdo de compra de armas con Israel. La llegada de una nueva administración en Colombia abrió la puerta a un proceso de normalización.
La decisión de mudar la embajada a Jerusalén alinea a Colombia con un grupo reducido de países que han reconocido esa ciudad como capital israelí, en lugar de Tel Aviv, donde tradicionalmente se ubican las representaciones diplomáticas. La medida tiene implicaciones políticas delicadas, dado que la comunidad internacional mantiene una posición dividida sobre el estatus de Jerusalén, reconocida como capital también por el Estado palestino en su sector oriental.
El anuncio generó reacciones inmediatas en Colombia. El exmandatario Gustavo Petro, según reportó Infobae, respondió al restablecimiento de las relaciones con una frase categórica: «Será genocida en su propio país». La declaración del exjefe de Estado introduce un componente de polarización política en torno a un giro de política exterior que, por lo demás, responde a un ejercicio soberano de reconocimiento y cooperación diplomática.
La eliminación de visas entre Colombia e Israel facilitará la circulación de personas, incluidos turistas, inversionistas y ciudadanos con doble nacionalidad, un sector históricamente significativo en la diáspora colombiana. De acuerdo con el acuerdo, los nacionales de ambos países quedarán exentos del visado para estancias cortas, en línea con los convenios que Israel mantiene con otras naciones latinoamericanas.
El regreso de los embajadores permitirá, además, restablecer los canales formales de cooperación bilateral en áreas como comercio, seguridad y cultura. Las embajadas habían permanecido acéfalas o con encargos de negocios desde el momento en que se suspendieron las relaciones durante el gobierno anterior, lo que limitó la atención consular y los vínculos comerciales.
Con la normalización diplomática, el gobierno de De la Espriella inicia su gestión internacional dando señales claras hacia un alineamiento con Israel que contrasta con la postura adoptada por su antecesor. Resta por conocer los detalles operativos del traslado de la embajada a Jerusalén, los tiempos de ejecución del acuerdo y la posición que adoptarán otros actores regionales y multilaterales frente a la decisión.
