A pocos días del cambio de mando, el presidente Gustavo Petro anunció que no condecorará a su sucesor, Abelardo De La Espriella, antes de la ceremonia de posesión prevista para el 7 de agosto. La información fue publicada por el diario El Colombiano.
La práctica de imponer una condecoración al presidente entrante en los días previos a su juramentación se convirtió en una tradición protocolaria en los relevos presidenciales en Colombia. La entrega solía realizarse en uno de los actos solemnes celebrados en la Casa de Nariño, como parte de los gestos de cortesía institucional entre el gobierno saliente y el electo.
Con la decisión de Petro, esa cadena se interrumpe por primera vez en varias administraciones. El presidente saliente no hará parte de una ceremonia que, según la costumbre, precedía la transmisión del poder y tenía un fuerte valor simbólico de transición ordenada entre mandatarios.
En distintos gobiernos, esa condecoración fue vista como un reconocimiento al triunfo democrático del rival político y como una señal de respeto institucional. Su ausencia elimina ese gesto formal en un periodo de transición que ya ha estado marcado por cruces de declaraciones y distanciamientos entre la Casa de Nariño y el equipo del presidente electo.
La medida no altera la fecha ni el protocolo central de la posesión, que se cumplirá el 7 de agosto ante el Congreso de la República. Sin embargo, abre un precedente en la historia reciente del país y deja en evidencia el nivel de tensión política que ha rodeado el final del período de Petro.
Sectores políticos han reaccionado en redes sociales con opiniones divididas frente a la decisión. Mientras algunos la celebran como una respuesta al rechazo que, según dicen, el propio gobierno electo ha expresado hacia la administración saliente, otros la califican como un incumplimiento de las formas republicanas que deberían primar en una transición presidencial.
El episodio se suma a una lista de diferencias públicas entre Petro y De La Espriella, que incluyen declaraciones cruzadas sobre la continuidad de políticas sociales, la situación de orden público y el rumbo de las relaciones internacionales del país. La ruptura del gesto protocolar añade un nuevo capítulo a esa distancia.
Para la ciudadanía, el hecho tiene un valor principalmente simbólico, dado que las condecoraciones presidenciales no implican recursos ni decisiones de fondo. Aun así, analistas consultados por medios nacionales señalan que la tradición rompida puede afectar la percepción de normalidad institucional durante la transición.
En los próximos días se espera que la Casa de Nariño publique los actos oficiales de despedida del presidente Petro y que el equipo de De La Espriella detalle la agenda de los primeros actos protocolares de su gobierno. Por ahora, la principal certeza es que el 7 de agosto De La Espriella asumirá la presidencia sin haber recibido la condecoración previa de su antecesor.
