Según el diario El País, los presidentes saliente y entrante han concentrado parte de su discurso inaugural en mensajes dirigidos a la Fuerza Pública. La coincidencia no es menor: tanto Petro como De la Espriella entienden que la relación con los uniformados define buena parte de la legitimidad del Ejecutivo en Colombia.
El reportaje, titulado "Petro y De la Espriella compiten por el simbolismo militar", describe el fenómeno como una disputa por el lenguaje y los gestos que cada uno dirige a soldados y policías. Esa competencia simbólica ocurre en un país donde las Fuerzas Militares y la Policía han sido piezas centrales de la historia reciente.
Petro llegó a la Casa de Nariño en 2022 con una bandera de "paz total" y una apuesta de diálogo con estructuras armadas ilegales. Esa línea incluyó acercamientos con distintos mandos militares, aunque también tensiones públicas con sectores de la Fuerza Pública que cuestionaron cambios en la doctrina y en el manejo de la seguridad.
De la Espriella, por su parte, asume la Presidencia en un contexto marcado por la preocupación ciudadana por la inseguridad y por la demanda de resultados en regiones afectadas por grupos armados y economías ilegales. Su propuesta de campaña incluyó un endurecimiento de la mano firme contra el crimen organizado.
El diario El País subraya que ambos mandatarios, pese a sus diferencias ideológicas, coinciden en la reverencia hacia los uniformes como recurso político. La uniformidad del fenómeno, según el análisis, habla del peso institucional de la Fuerza Pública en la vida nacional.
La Fuente describe que las señales iniciales de cada gobierno hacia militares y policías no se quedan en el protocolo. Incluyen decisiones sobre ascensos, ceremonial, presencia en actos oficiales y pronunciamientos públicos sobre la seguridad, asuntos que la tropa y la opinión siguen de cerca.
Para los uniformados, los gestos importan porque afectan su propia lectura del gobierno. El reconocimiento presidencial influye en la moral de las tropas, en la percepción de respaldo institucional y en la disposición para enfrentar zonas de alto riesgo. Esa conexión entre mando civil y fuerza pública ha marcado coyunturas como la implementación de acuerdos de paz y los estados de conmoción interior.
El pulso simbólico entre ambos mandatarios se da en una Colombia que enfrenta retos de seguridad en varias regiones, con presencia de grupos armados, economías ilícitas y disputas territoriales. En ese escenario, el respaldo o la distancia del presidente respecto a la Fuerza Pública tiene efectos operativos, según han señalado analistas citados en distintas coyunturas.
Queda por ver cómo se traduce esa disputa inicial en decisiones concretas del nuevo gobierno. Los nombramientos en el Ministerio de Defensa y la Policía Nacional, la línea de mando sobre operaciones militares y el tono de los pronunciamientos oficiales serán señales que la opinión pública y los propios uniformados seguirán de cerca en las próximas semanas.
