Un grupo de ciudadanos colombianos que cursan solicitudes de visas de inmigrante en las categorías EB-1A y EB-2 NIW le pidió al próximo presidente, Abelardo De La Espriella, que gestione ante el gobierno de Estados Unidos la normalización de esos trámites, según reportó Revista Semana. La solicitud se dirige al jefe de Estado que asumirá el cargo y que, por tanto, tendrá a su cargo las relaciones diplomáticas con Washington.
Las visas EB-1A y EB-2 NIW son visados de inmigrante que otorga el gobierno estadounidense. La EB-1A está dirigida a personas con habilidades extraordinarias en campos como las ciencias, las artes, la educación, los negocios o el deporte. La EB-2 NIW, por su parte, permite la residencia a profesionales con capacidades avanzadas cuando su trabajo resulta de interés para Estados Unidos. Ambas categorías exigen un proceso ante los servicios de ciudadanía y migración de ese país.
El mecanismo que los peticionarios mencionan es la “normalización” de los trámites. En la práctica, esto suele traducirse en pedidos para que se agilicen entrevistas, se reabran calendarios de citas consulares o se aclaren criterios de elegibilidad. Las decisiones sobre esos procedimientos las toman las autoridades migratorias de Estados Unidos, y los gobiernos extranjeros solo pueden canalizar solicitudes de manera diplomática.
La petición a De La Espriella se inscribe en una relación bilateral de larga data entre Colombia y Estados Unidos. La migración es uno de los ejes centrales de esa agenda: una parte significativa de la población colombiana reside en territorio estadounidense, y los flujos migratorios han sido objeto de acuerdos y diálogos en las últimas décadas. El nuevo gobierno colombiano hereda esa interlocución.
Para los solicitantes, la demora o el estancamiento de un trámite migratorio tiene efectos concretos en su vida personal y profesional. Una visa EB-1A o EB-2 NIW aprobada permite la residencia permanente legal en Estados Unidos, con lo cual se accede a estabilidad migratoria, posibilidad de reunificación familiar y movilidad laboral plena. Cuando los procesos se dilatan, los solicitantes quedan en un limbo que afecta sus planes de vida, sus contratos y sus vínculos familiares.
La solicitud también pone sobre la mesa el rol del consulado y de la embajada colombiana en Estados Unidos. Estas misiones suelen prestar acompañamiento a nacionales en procesos migratorios, aunque no pueden intervenir en las decisiones de las autoridades estadounidenses. Los peticionarios buscan que esa estructura diplomática sea utilizada para elevar el caso a las instancias pertinentes.
Desde el lado estadounidense, las categorías EB-1A y EB-2 NIW han registrado una demanda creciente en los últimos años, en parte por el interés de profesionales y emprendedores de distintos países. Eso ha generado tiempos de espera extensos y mayor exigencia documental. El contexto explica por qué grupos de solicitantes colombianos buscan apoyo en sus autoridades nacionales.
Revista Semana no detalla cuántos firmantes respaldan la petición ni si se trata de una solicitud formal elevada por escrito. Tampoco precisa si el equipo del presidente electo respondió al pedido. Queda por verse si el gobierno entrante incorpora este tema en su agenda diplomática inicial con Washington y si se abren canales específicos para darle trámite.
