La Presidencia de la República confirmó que el presidente Abelardo de la Espriella giró una instrucción para reubicar a 120 personas privadas de la libertad recluidas en establecimientos carcelarios de Buenaventura. El operativo de traslado se coordinará entre el Ministerio de Justicia, el INPEC y la Fuerza Pública, según lo reportado por CAMBIO Colombia.
Buenaventura concentra históricamente uno de los niveles más altos de hacinamiento carcelario del país. El puerto, además, es un nodo crítico para el narcotráfico y enfrenta disputas de organizaciones criminales que presionan de manera constante a las autoridades locales. Esta condición hace que la administración de los centros penitenciarios en la ciudad sea una tarea particularmente sensible.
El traslado masivo de internos es una figura contemplada en la normatividad colombiana como una herramienta para gestionar el hacinamiento y prevenir hechos de violencia al interior de los penales. Cuando se ordena una reubicación de esta magnitud, el INPEC debe garantizar el debido proceso, la custodia durante el desplazamiento y la integridad física de los reclusos, así como la notificación a sus defensores y familiares.
De la Espriella ha reiterado en varias oportunidades que la seguridad en los puertos del Pacífico será una prioridad de su gobierno. La decisión sobre los internos de Buenaventura se inscribe en esa línea y se suma a otras intervenciones recientes en zonas donde el Estado ha tenido presencia limitada frente a grupos armados y redes de crimen organizado.
La medida tiene implicaciones directas para los familiares de los reclusos, que verán a sus parientes a mayor distancia y deberán asumir costos de viaje para visitarlos. También impacta a las comunidades receptoras en los penales de destino, que suelen experimentar tensiones cuando llega un número elevado de internos sin un proceso previo de socialización.
Sectores de defensa de derechos humanos han pedido en otras ocasiones que los traslados masivos se ejecuten con criterios objetivos y verificables, para evitar que las reubicaciones se usen como mecanismo de castigo o de dispersión política. En este caso, hasta ahora no se conocen los criterios específicos con los que se seleccionó a los 120 internos ni los penales de destino.
Queda pendiente el cronograma del operativo, la confirmación de los centros de reclusión receptores y los protocolos de seguridad que acompañarán a los internos durante el trayecto. El gobierno también deberá informar si el traslado se complementa con medidas estructurales para reducir el hacinamiento en Buenaventura, donde las condiciones de los penales han sido motivo de alertas por parte de organismos de control.
La atención ahora se centra en la ejecución práctica de la orden. Organismos como la Defensoría del Pueblo y la Procuraduría han sido históricamente veedores de este tipo de operativos y se espera que supervisen el cumplimiento de las garantías legales para los reclusos y sus familias.
