El presidente Abelardo de la Espriella dio la orden de iniciar una operación dirigida a contener el robo de combustible en Colombia. El anuncio lo registró Caracol Radio y se conoce mientras el país discute el impacto económico y de orden público de esa práctica, que golpea las finanzas del Estado y la cadena de distribución de combustibles.
De acuerdo con lo informado por el medio citado, el mandatario sostuvo que cada mes se estarían hurtando cerca de 123.700 barriles de productos refinados. Esa cifra, de mantenerse en el tiempo, representa un volumen considerable frente al consumo nacional de gasolina, diésel y otros derivados del petróleo, según el contexto habitual del mercado de combustibles en Colombia.
El robo de combustible en el país no es un fenómeno reciente. A lo largo de los años se han documentado modalidades como la perforación ilegal de poliductos, la adulteración de carrotanques y la extracción en plantas y refinerías. Estas prácticas comprometen la seguridad de las comunidades cercanas, generan riesgo de incendios y explosiones, y afectan los ingresos de Ecopetrol y de los demás agentes de la cadena.
La orden presidencial se enmarca en la responsabilidad del Estado sobre la protección de la infraestructura energética y la lucha contra el crimen organizado. El hurto de hidrocarburos suele vincularse a redes que usan el combustible robado para alimentar economías ilegales, financiar grupos armados o surtir mercados informales con productos de origen irregular.
Para los ciudadanos, el impacto se traduce en dos frentes. El primero es el riesgo para la seguridad en zonas donde se ejecutan las conexiones ilegales a los ductos, con antecedentes de accidentes que han costado vidas humanas. El segundo es el efecto sobre el precio y la calidad del combustible, pues el producto sustraído y vuelto a poner en circulación suele terminar en estaciones que no cumplen los estándares técnicos.
La respuesta institucional suele combinar operativos de la Fuerza Pública, acompañamiento de la Fiscalía y coordinación con Ecopetrol y los Ministerios de Minas y Defensa. En esta oportunidad, el presidente dio la instrucción directa de activar esa operación, lo que implica un compromiso político con metas verificables y con resultados en el corto plazo.
En su declaración, recogida por Caracol Radio, el jefe de Estado no entregó detalles técnicos del despliegue. Queda pendiente conocer el alcance territorial, la cantidad de efectivos involucrados, las zonas priorizadas y los indicadores con los que se medirá el éxito de la operación.
La ciudadanía espera resultados concretos en la reducción del volumen robado y en la judicialización de las redes dedicadas a esta actividad. Una operación de este tipo suele tomar semanas o meses antes de mostrar efectos sostenidos, por lo que el seguimiento posterior será clave para evaluar su efectividad.
