El presidente de Colombia, Abelardo de la Espriella, solicitó este jueves a la ministra de Minas y Energía, María Nohemi Arboleda, revertir el aumento de 46 pesos por galón de gasolina previsto para octubre, según reportó El Comercio Perú. El valor equivale a unos 0,01 dólares por galón, una cifra pequeña en términos absolutos pero sensible en el acumulado del precio al consumidor.
La petición llega en un contexto de alza sostenida en los precios internacionales del petróleo, lo que suele trasladarse al precio interno de los combustibles en los países importadores como Colombia. El Ejecutivo reconoció que trabaja en soluciones permanentes para enfrentar la volatilidad del crudo, según el mismo reporte.
El precio de la gasolina en Colombia es regulado por el Ministerio de Minas y Energía, que ajusta mensualmente el valor del galón en función de variables como el precio internacional del petróleo, la tasa de cambio del dólar y los costos de refinación y distribución. Cada modificación, por mínima que parezca, termina impactando la canasta de transporte y alimentos.
Un alza en el combustible se traslada de manera casi inmediata al costo del transporte público, la carga de mercancías y la logística de distribución. En la práctica, eso encarece productos básicos en las ciudades y, con más fuerza, en zonas rurales donde el transporte es más costoso. Por eso, aunque el monto del incremento parezca bajo, su efecto es acumulativo.
La instrucción presidencial a la ministra Arboleda pone en evidencia la tensión entre dos objetivos del Gobierno: proteger el bolsillo de los ciudadanos frente a las variaciones del mercado internacional y, al mismo tiempo, mantener la sostenibilidad fiscal de los subsidios e incentivos que estabilizan el precio interno. Revertir el aumento implica asumir ese costo desde el presupuesto público.
El anuncio también abrió preguntas sobre el alcance real de la decisión. El Ministerio de Minas y Energía no había emitido, al cierre de la información de El Comercio Perú, una respuesta pública sobre si procederá con la reversión solicitada por el presidente ni sobre el mecanismo legal para hacerla efectiva dentro del esquema de precios vigente.
Para los hogares colombianos, la discusión va más allá del galón. El precio de la gasolina y el diésel condiciona la inflación general, el costo de los fletes y la dinámica del transporte masivo en ciudades como Bogotá, Medellín y Cali. Cualquier movimiento al alza o a la baja se mide, por eso, en la variación del índice de precios al consumidor.
El Gobierno aseguró que continúa evaluando fórmulas de largo plazo para blindar al país de la volatilidad del crudo, aunque no se detallaron las medidas en curso. Por ahora, la decisión inmediata sobre el ajuste de octubre queda en manos del Ministerio de Minas y Energía, que deberá pronunciarse sobre la solicitud presidencial en los próximos días.
La ciudadanía queda a la espera de una definición concreta. Si la reversión se concreta, los consumidores verán congelado el precio del galón en el nivel de septiembre. Si no, el ajuste se aplicará como estaba previsto y continuará la presión al alza en los rubros vinculados al transporte y la distribución de bienes.
