El presidente Abelardo de la Espriella puso sobre la mesa la crisis de agua que atraviesa Santa Marta, una de las ciudades más turísticas del Caribe colombiano. De acuerdo con el reporte de Pulzo, el primer mandatario descartó por ahora la instalación de plantas desalinizadoras como salida a la emergencia y pidió evaluar otras alternativas de corto y mediano plazo.
Santa Marta depende en buena medida del sistema de acueducto local, que en los últimos años ha mostrado limitaciones por temporadas secas más largas y por la presión derivada del crecimiento urbano y turístico. Esa combinación ha dejado a varios barrios con racionamientos y a la administración distrital gestionando carrotanques, una respuesta que resulta costosa y, según vecinos, insuficiente en los sectores más altos.
El anuncio de descartar las desalinizadoras es un giro técnico relevante. Esas plantas, aunque ya operan con éxito en otras ciudades costeras del mundo, demandan inversiones iniciales altas, consumo energético constante y un plan claro de mantenimiento. Según la información de Pulzo, el Gobierno prefiere evaluar fórmulas con menor costo de instalación y menor tiempo de maduración, decisión que el propio Ejecutivo deberá sustentar ante los habitantes del Distrito.
En la misma jornada, el Gobierno Nacional también anunció un refuerzo de seguridad en la región Caribe. Aunque el reporte de Pulzo no detalla las medidas específicas, el componente de seguridad aparece como parte de la agenda que el Ejecutivo articula con las gobernaciones y alcaldías del litoral, en un contexto de creciente atención sobre los delitos que afectan a comerciantes y turistas en esa zona.
La doble movida, crisis de agua y seguridad, muestra un patrón del nuevo gobierno: atender emergencias visibles y, al mismo tiempo, responder a demandas estructurales. El reto es que la opinión pública perciba resultados en las próximas semanas, cuando arranca una nueva temporada seca en el Caribe y cuando los gremios turísticos miden el impacto de la crisis en la llegada de visitantes.
Para los habitantes de Santa Marta, el anuncio tiene lectura inmediata. Los racionamientos de agua, los cobros extras en sectores informales y la dependencia de carrotanques marcan la vida diaria. Cualquier solución técnica que se elija deberá responder, en primer lugar, a la pregunta que se repite en los barrios populares: cuándo volverá el agua con regularidad al grifo.
Entre tanto, la administración distrital y el Gobierno evalúan el expediente de proyectos. Las opciones van desde optimización de redes y campañas de uso eficiente, hasta acuerdos con usuarios industriales y hoteleros. El Ejecutivo, según la fuente, pidió a su equipo revisar experiencias comparadas en ciudades costeras latinoamericanas antes de tomar una decisión definitiva.
Pulzo también señala que la discusión sobre las desalinizadoras no se cierra del todo. El Gobierno las deja como una alternativa futura si las soluciones que se estudian ahora no entregan resultados. Esa puerta abierta deja a Santa Marta a la espera de señales más concretas, mientras el reloj de la temporada seca sigue corriendo.
