En la mañana del viernes 4 de septiembre, desde Riohacha, La Guajira, el presidente Abelardo de la Espriella confirmó que fue abatido Naín Andrés, conocido como alias Bendito Menor. El anuncio lo hizo ante los medios tras una operación de la Policía Nacional en ese departamento del norte de Colombia, según reportó Impacto News.
De la Espriella calificó el operativo como una acción contundente y sostenida por parte de la fuerza pública. En sus declaraciones, el presidente aseguró que este tipo de resultados reflejan la firmeza con la que el Estado enfrenta a las organizaciones armadas ilegales que delinquen en distintas regiones del país.
En el mismo pronunciamiento, el jefe de Estado lanzó una advertencia directa a los cabecillas de otras estructuras criminales. Señaló que si las condiciones lo permiten, golpes similares pueden repetirse, lo que marca la línea con la que su gobierno pretende encarar a los grupos armados fuera de la ley durante lo que resta de su mandato.
El operativo se enmarca en la estrategia de seguridad que la administración de De la Espriella viene ejecutando desde el inicio de su período, con énfasis en la persecución de cabecillas y rentas criminales en zonas donde la presencia armada ilegal ha sido histórica. La Guajira, por su condición fronteriza y su extensión territorial, ha sido escenario recurrente de disputas entre organizaciones dedicadas al narcotráfico y otras economías ilegales.
La Policía Nacional, institución a cargo de la operación, ha sostenido en los últimos años una línea de trabajo dirigida a la neutralización de líderes de estructuras criminales, en coordinación con la Fiscalía General de la Nación y el Ministerio de Defensa. Estos operativos suelen requerir meses de inteligencia, trabajos de campo y articulación interinstitucional para ubicar y sorprender a los objetivos de alto valor.
Para la ciudadanía, el impacto de estas acciones se mide en doble vía. Por un lado, golpean la cúpula de las organizaciones y, en teoría, debilitan su capacidad de mando. Por otro, en territorios como La Guajira, comunidades enteras han vivido durante años bajo la influencia de esos grupos, y la salida de un cabecilla no siempre garantiza el regreso inmediato de la institucionalidad ni el cierre de las economías ilegales que sostenían su poder.
Sectores políticos y analistas de seguridad suelen recordar que la muerte o captura de un líder criminal puede generar disputas internas por el control de la organización, lo que en algunos casos incrementa la violencia local en el corto plazo. Por eso, además de la operación militar y policial, las autoridades suelen desplegar planes de protección a líderes sociales y comunidades vulnerables en las zonas de influencia.
El gobierno nacional no entregó, hasta el momento de la publicación de la nota de Impacto News, detalles técnicos sobre cómo se desarrolló el operativo en La Guajira ni el lugar exacto de la intervención. Se espera que en las próximas horas la Policía Nacional y el Ministerio de Defensa amplíen la información con el parte oficial correspondiente.
Queda pendiente el efecto que tendrá la caída de alias Bendito Menor sobre la estructura que lideraba, así como la respuesta del gobierno frente a posibles reacomodamientos de poder en la región. La ciudadanía estará atenta a los anuncios oficiales y a las medidas de seguridad que se implementen en los municipios donde operaba este cabecilla.
