El presidente Abelardo de la Espriella tomó la decisión de desmontar los equipos negociadores que hasta ahora sostenían acercamientos con el ELN y con el Clan del Golfo, según reportó Caracol Radio. La medida implica el retiro de los voceros designados por el Gobierno para esos procesos de diálogo.
La misma decisión alcanza a la Coordinadora Nacional Ejército Bolivariano. De la Espriella revocó la designación de los negociadores que el Ejecutivo había nombrado para tratar con esa organización. Con esta movida, queda sin efecto la representación oficial en al menos tres mesas distintas.
El ELN es una guerrilla activa desde hace décadas y ha sido parte de distintos intentos de diálogo con gobiernos anteriores. El Clan del Golfo, también conocido como Autodefensas Gaitanistas de Colombia, es la principal estructura heredera del paramilitarismo y opera en buena parte del territorio nacional. Ambos grupos figuran en los listados de organizaciones armadas que el Estado colombiano ha buscado enfrentar por la vía militar o por la vía política en distintos momentos.
La Coordinadora Nacional Ejército Bolivariano es una organización más pequeña y menos conocida por el público. Su inclusión en la lista de revocaciones muestra que la decisión del presidente no se limita a los actores armados de mayor tamaño, sino que alcanza a otros grupos con los que el Gobierno anterior sostenía contactos formales.
Para los ciudadanos, el impacto inmediato es el cambio en la estrategia frente a esas organizaciones. Los procesos de diálogo suelen tener repercusiones en zonas donde esos grupos tienen presencia, donde las comunidades han visto de cerca tanto operativos militares como acercamientos humanitarios. La finalización de los equipos negociadores no equivale de manera automática a un retorno a las operaciones ofensivas, pero sí cierra un canal específico de comunicación.
Desde el punto de vista institucional, la revocación implica un replanteamiento de la política de paz del actual Gobierno. Los negociadores habían sido nombrados por la administración anterior y respondían a una línea distinta. Asumir el cargo implica, en la práctica, revisar los interlocutores y las condiciones bajo las cuales se buscaba llegar a eventuales acuerdos.
Grupos de oposición y voces cercanas a los procesos de paz suelen reaccionar a este tipo de anuncios pidiendo que se aclaren los pasos a seguir. También hay sectores que respaldan la decisión, al considerar que algunos de esos diálogos no avanzaron en compromisos concretos. La fuente consultada no detalla las reacciones políticas de cada bancada.
Queda por ver si el Gobierno designará nuevos negociadores en el corto plazo o si optará por privilegiar la vía judicial y militar frente a estas estructuras. También está pendiente la posición oficial del ELN, del Clan del Golfo y de la Coordinadora Nacional Ejército Bolivariano frente al cierre de esos canales.
Por ahora, lo cierto es que los nombres de los negociadores quedan sin efecto oficial y que la política de conversaciones con esos tres grupos entra en un compás de espera. Cualquier avance posterior dependerá de las decisiones que adopte el Ejecutivo en las próximas semanas.
