El presidente Abelardo de La Espriella reveló las razones por las que escogió a Barranquilla como la sede de su gobierno, según informó la Revista Semana. En el mismo pronunciamiento, el mandatario planteó a la ciudad como una posible capital alterna del país, una figura que no es nueva en la Constitución pero que hacía décadas no se reactivaba de forma oficial.
Con la decisión, la Casa de Nariño deja de ser el centro único de operaciones del Ejecutivo. La práctica de despachar desde Bogotá ha sido la regla desde el siglo XIX, aunque presidentes como Gustavo Petro y Juan Manuel Santos ya habían realizado consejos de ministro en regiones apartadas. La novedad ahora es convertir a una ciudad distinta de la capital en sede permanente.
De La Espriella explicó que la escogencia responde a criterios logísticos y de conexión con las regiones Caribe y Norte de Colombia. Barranquilla, capital del Atlántico, es la cuarta ciudad más poblada del país y sede del principal puerto marítimo sobre el río Magdalena, por donde sale buena parte de la carga al exterior.
La ciudad también concentra un aeropuerto internacional con vuelos directos a varias capitales de América, una zona franca activa y una terminal de regasificación de gas. Esos activos le dan a la ciudad condiciones logísticas comparables a las de Bogotá, según han señalado distintas analistas de infraestructura.
La propuesta de capitalidad alterna implica que, en caso de una emergencia nacional, una crisis de orden público o una catástrofe que afecte a Bogotá, el gobierno podría despachar desde Barranquilla. La figura está contemplada en la Constitución de 1991, que en su artículo 296 permite al Congreso fijar la sede de los poderes nacionales y disponer lo necesario para su traslado cuando convenga.
Para los habitantes de la región Caribe, la decisión tiene implicaciones directas. En la ciudad funcionará de manera permanente la logística del Ejecutivo, lo que puede traducirse en más vuelos oficiales, mayor demanda de hotelería, transporte y seguridad perimetral. Sectores empresariales locales anticipan un efecto dinamizador sobre la economía formal y el comercio.
En Bogotá, en cambio, la medida abre un debate sobre el futuro del Palacio de Nariño, de los ministerios y de la planta de funcionarios que hasta ahora acompañaba al presidente en la capital. Partidos de oposición y algunos analistas han pedido que se aclaren los costos del traslado y la sede definitiva de cada ministerio.
La iniciativa también reactiva una vieja discusión sobre la descentralización. Desde los años noventa, reformas como la elección popular de alcaldes y la asignación de regalías directas a las regiones han buscado reducir el peso político y administrativo de Bogotá. Llevar la sede del gobierno a Barranquilla sería el paso más visible en esa línea en lo que va del siglo.
Por ahora, el gobierno no ha detallado la fecha en que arrancará el funcionamiento pleno de la sede en Barranquilla ni el presupuesto asignado al traslado. El siguiente paso, según la Constitución, sería que el Congreso debatiera formalmente la declaratoria de capital alterna, un trámite que requiere ley de la República.
Revista Semana reportó que el presidente De La Espriella anunció su decisión de instalar el gobierno en Barranquilla. La propuesta de capital alterna queda a la espera de su trámite legislativo y de las reacciones de los demás poderes públicos.
