El presidente electo Abelardo de la Espriella manifestó su intención de restablecer los lazos diplomáticos con Israel, país al que calificó como "un amigo leal y un aliado firme". El anuncio marca un cambio de rumbo en la postura internacional que Colombia asumió hace cerca de dos años.
El pasado 2 de mayo de 2024, Colombia rompió de manera oficial las relaciones diplomáticas con Israel, una decisión que se concretó en medio de un escenario de fuertes tensiones en la política exterior colombiana. Hasta ahora no se conocen detalles públicos sobre el proceso que llevó a esa ruptura ni sobre los canales diplomáticos que quedaron suspendidos.
Con la llegada de Abelardo de la Espriella a la Presidencia, el nuevo gobierno plantea revertir esa medida. El anuncio señala que la relación bilateral buscará recuperarse sobre bases de cooperación y alianza, aunque el equipo de transición todavía no ha detallado los mecanismos concretos para materializar el acercamiento.
El restablecimiento de relaciones diplomáticas implica, en la práctica, el regreso de embajadores, la reapertura de misiones consulares y la reactivación de acuerdos en materia comercial, tecnológica y de cooperación. También supone la posibilidad de retomar diálogos en foros multilaterales donde las posiciones de ambos países suelen coincidir.
Para la ciudadanía, este giro puede traducirse en cambios en los servicios consulares para colombianos en Israel y para ciudadanos israelíes en Colombia. Los trámites migratorios, visados y cooperación en áreas como innovación agrícola y seguridad cibernética forman parte habitual de la agenda bilateral y podrían reactivarse.
En el plano regional, la decisión sitúa a Colombia en una línea distinta a la de otros países de América Latina que también rompieron o congelaron sus relaciones con Israel tras el inicio del conflicto en Gaza. El nuevo enfoque genera expectativas en sectores productivos que tenían vínculos comerciales con el país asiático y en la comunidad judía radicada en Colombia.
Desde el punto de vista institucional, el restablecimiento formal de relaciones no requiere aprobación del Congreso, dado que es una facultad del presidente de la República en materia de política exterior. Sin embargo, el nuevo gobierno deberá evaluar los compromisos pendientes y los efectos de la ruptura previa sobre los acuerdos vigentes.
Queda por conocer cuándo se dará el primer paso formal del nuevo gobierno hacia la normalización de las relaciones, qué funcionarios encabezarán el proceso y si habrá condiciones planteadas por alguna de las partes. Por ahora, el anuncio del presidente electo marca el inicio de una etapa que promete redefinir la postura internacional del país en el mediano plazo.
