El primer ministro de Reino Unido, Andy Burnham, tomó una decisión que rompe con siglos de tradición política británica: trasladar el centro del poder de Londres a Mánchester. El anuncio sacudió la escena internacional y abrió un debate sobre la concentración del poder en las capitales, según informó El Tiempo.
La medida responde a un modelo que busca redistribuir las funciones gubernamentales fuera de la capital histórica. Londres ha sido durante generaciones el epicentro político, económico y financiero del Reino Unido, sede del Parlamento, de la mayoría de ministerios y de las principales oficinas de Estado.
En Colombia, una idea similar cobra fuerza de la mano del presidente electo Abelardo de la Espriella. El gobernante ha planteado la necesidad de desconcentrar el poder que hoy reside en Bogotá y llevarlo a las regiones, un reclamo histórico de departamentos que sienten que las decisiones del país se toman lejos de sus territorios.
La propuesta británica y la colombiana comparten un diagnóstico: las grandes capitales concentran recursos, talento y oportunidades, mientras las ciudades intermedias y las zonas rurales quedan rezagadas. Mover funciones del Estado es una forma de llevar inversión, empleo y servicios públicos a esos territorios.
El plan de Burnham incluye el desplazamiento gradual de ministerios y oficinas gubernamentales hacia Mánchester, una de las ciudades más importantes del norte inglés. La medida busca además equilibrar el desarrollo entre el sur y el norte del Reino Unido, una deuda pendiente desde la revolución industrial.
En Colombia, las regiones han reclamado históricamente mayor autonomía y presencia del Estado. La descentralización ha sido un principio constitucional desde 1991, pero en la práctica muchas decisiones siguen concentradas en Bogotá. La propuesta de De la Espriella reabre esa discusión en plena transición de gobierno.
Según la fuente, el modelo británico es visto como un referente para el nuevo gobierno colombiano. No se trata solo de un gesto simbólico, sino de una apuesta por acercar la administración a los ciudadanos y reducir la brecha entre la capital y los territorios.
Ambos procesos enfrentan retos similares. Trasladar funciones del Estado implica mover servidores públicos, reestructurar presupuestos y adaptar la logística. También genera resistencia en sectores acostumbrados al poder central, tanto en Londres como en Bogotá.
Por ahora, el plan británico avanza como un experimento político de gran envergadura. En Colombia, la propuesta de Abelardo de la Espriella se conocerá con más detalle cuando el nuevo gobierno presente su programa de gobierno y los primeros actos administrativos sobre descentralización.
