El pasado mes, a las 7:34 de la mañana, se registró en Colombia un sismo de magnitud 7,4 con epicentro en el municipio de San José del Palmar, en el departamento del Chocó. La magnitud lo sitúa como uno de los movimientos telúricos más fuertes sentidos en el país en las últimas décadas, según el balance citado por el Gobierno al cumplirse un mes del evento.
San José del Palmar es un municipio pequeño del occidente colombiano, en la cordillera Occidental, zona de alta actividad sísmica por su cercanía a la zona de subducción del Pacífico. Esta característica geológica explica la recurrencia de eventos de distinta magnitud que han afectado a Chocó y a departamentos vecinos a lo largo de la historia reciente del país.
Tras el primer mes del sismo, el Gobierno nacional difundió un análisis del fenómeno y un reporte sobre las medidas tomadas en la zona. Las acciones incluyen tareas de evaluación de daños, atención a las comunidades afectadas y seguimiento a la infraestructura comprometida en Chocó y en otras regiones donde el movimiento fue percibido.
En Colombia, el monitoreo de la actividad sísmica está a cargo del Servicio Geológico Colombiano, entidad adscrita al Estado que opera la red nacional de sismógrafos y emite reportes técnicos sobre cada evento. Este insumo es la base sobre la cual las autoridades locales y nacionales definen protocolos de respuesta y planes de contingencia.
La ocurrencia de un evento de magnitud 7,4 obliga a revisar las normas de construcción sismo resistente vigentes en el país, contenidas en el Reglamento Colombiano de Construcción Sismo Resistente (NSR-10). Para los municipios cercanos al epicentro, el cumplimiento de estos estándares resulta determinante en la reducción de víctimas y daños materiales.
Para la población civil, un evento de esta magnitud recuerda la importancia de conocer las rutas de evacuación, los puntos de encuentro definidos por las alcaldías y los protocolos de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD). La preparación comunitaria y la coordinación institucional son piezas centrales de la respuesta.
En términos regionales, los sismos con epicentro en el Pacífico colombiano suelen sentirse con fuerza en departamentos como Risaralda, Valle del Cauca, Antioquia, Quindío y Caldas, e incluso en zonas de Ecuador y Panamá por la propagación de las ondas. El reporte oficial recoge los reportes de percepción enviados desde esas zonas.
Queda pendiente para las próximas semanas el consolidado final de damnificados, viviendas averiadas, vías afectadas y hospitales o escuelas con daños estructurales. Estos datos son los que permiten dimensionar el costo del evento y orientar los recursos del Sistema Nacional de Gestión del Riesgo hacia la reconstrucción y la recuperación de las zonas golpeadas por el sismo.
