El cierre del gobierno de Gustavo Petro deja un panorama económico de dos caras. Por un lado, las cifras de desempleo e inflación muestran una mejoría frente a los niveles registrados cuando comenzó su mandato. Por otro, las cuentas fiscales cierran con un hueco cercano a los 120 billones de pesos, una cifra que preocupa a analistas y condicionará el arranque de la próxima administración.
Según el reporte citado por Cable Noticias, el empalme entre los equipos económicos de Petro y del presidente electo Abelardo de la Espriella se concentró en revisar los indicadores básicos del país. El mercado laboral, que en 2022 tenía una tasa de desempleo cercana al doble dígito, se redujo de forma sostenida en los años siguientes. La inflación, que llegó a estar entre las más altas de las últimas décadas, también cedió y regresó a la franja del Banco de la República.
En materia de precios, la variación anual del IPC volvió a ubicarse en niveles de un dígito, después de los picos cercanos al 13 por ciento que se observaron en el segundo semestre de 2022. La moderación obedeció a la política monetaria_contractiva del Emisor, a la caída de los precios internacionales de los alimentos y a la estabilización del tipo de cambio. Para los hogares, esto significó una recuperación gradual del poder adquisitivo.
El mercado laboral acompañó esa tendencia. La tasa de desempleo nacional descendió hasta niveles inferiores a los registrados al inicio del gobierno anterior, y la ocupación formal creció de manera consistente. Sectores como el comercio, los servicios y la construcción fueron los principales motores de la contratación. Aún así, persisten brechas por género, por región y entre la formalidad y la informalidad.
El lado oscuro del balance está en las cuentas públicas. El déficit fiscal del Gobierno Nacional Central se acerca a los 120 billones de pesos, una cifra que refleja el esfuerzo del gobierno saliente por sostener la inversión social y avanzar en la transición energética, pero que al mismo tiempo compromete el margen de maniobra del próximo gobierno. La deuda pública siguió creciendo y los espacios para nuevo gasto se estrecharon.
La situación fiscal tiene efectos directos sobre los ciudadanos. Un mayor déficit suele traducirse en presión sobre la deuda, en recortes futuros o en ajustes tributarios. En el caso colombiano, la regla fiscal vigente obliga a corregir la desviación con planes de contingencia. Cualquier nueva reforma tributaria o recorte de gasto será parte del debate inmediato que enfrentará De la Espriella.
Varios analistas han advertido que el país llega a este cambio de gobierno con una mezcla de estabilidad macroeconómica y fragilidad fiscal. La inflación baja y el empleo creciente son señales positivas, pero el desequilibrio en las cuentas del Estado es un riesgo latente. En el empalme, los equipos técnicos discutieron justamente cómo se atenderá ese hueco en los próximos años.
El próximo presidente también recibirá un debate abierto sobre el papel de la transición energética, la deuda de Ecopetrol y la sostenibilidad de los subsidios. Estos temas, sumados al hueco fiscal, marcan la agenda económica de los primeros meses de la administración de De la Espriella. La forma en que se manejen dependerá de las decisiones que tome el nuevo gobierno en sus primeros cien días.
En síntesis, Colombia pasa la banda presidencial con cifras laborales y de precios mejores, pero con un déficit que exige disciplina y decisiones difíciles. La herencia económica que recibe De la Espriella es, en palabras del propio informe, un empalme con luces y sombras. El reto inmediato será consolidar los avances sociales sin descuidar el equilibrio de las cuentas públicas.
