Durante un consejo de ministros, el presidente Gustavo Petro manifestó que no estará presente el 7 de agosto en la posesión presidencial y que tampoco dará la mano al sucesor, según registró Revista Semana. La declaración se produjo en el marco de una sesión habitual del gabinete, sin que se hayan detallado otros temas tratados en la reunión.
En Colombia, la transmisión de mando presidencial se realiza ante el Congreso en pleno, en una sesión solemne que coincide con el inicio del período constitucional del nuevo jefe de Estado. La asistencia del presidente saliente no es un requisito legal para que el nuevo mandato quede formalizado, pero sí hace parte de la tradición protocolaria que se ha observado desde la restitución democrática de 1958.
La ausencia de un presidente en la posesión de su sucesor es un hecho inusual en la historia reciente del país. El país registra antecedentes de mandatarios que han acompañado la transición incluso en escenarios de alta polarización, lo que le da a la jornada del 7 de agosto una carga simbólica que va más allá del acto formal.
De otro lado, la figura del saludo entre mandatarios suele interpretarse como un gesto de respeto institucional hacia el orden democrático. Cuando ese saludo no se produce, las reacciones políticas suelen dividirse entre quienes lo leen como una expresión de protesta y quienes lo consideran una afrenta al protocolo.
La declaración de Petro introduce un elemento nuevo en el calendario de transición. Hasta ahora, los equipos de empalme venían trabajando en temas técnicos, mientras que la logística de la ceremonia se coordinaba entre la Casa Militar, el Congreso y los equipos de los mandatarios. La frase del presidente deja en el aire la pregunta sobre si habrá algún tipo de representación del Gobierno saliente en la ceremonia.
El resultado electoral que llevó a Abelardo de la Espriella a la Casa de Nariño cerró un ciclo de campañas marcado por una alta confrontación verbal entre el presidente y varios sectores de la oposición. En ese contexto, el tono del consejo de ministros refleja el nivel de distanciamiento que ha marcado la relación entre el Gobierno y el presidente electo durante los últimos meses.
Para la ciudadanía, la jornada del 7 de agosto es relevante porque marca el inicio de un nuevo programa de gobierno, con el consecuente cambio de ministerios, direcciones de entidades y políticas públicas. Más allá de los gestos protocolarios, el acto central es la juramentación ante el Congreso, que es lo que da plena validez constitucional al nuevo período presidencial.
Queda por conocer si desde el equipo del presidente electo se pronunciarán sobre las palabras de Petro y si la Casa de Nariño enviará alguna delegación a la ceremonia. También falta por definirse si el Congreso modificará el orden del día de la sesión solemne para adaptar el protocolo a la ausencia confirmada del jefe de Estado saliente.
En cualquier caso, la transición de mando en Colombia tiene mecanismos previstos para garantizar la continuidad del Estado. La Constitución establece que el nuevo presidente asume el cargo al finalizar el período del antecesor, de modo que la jornada del 7 de agosto avanzará con normalidad institucional independientemente de la presencia o ausencia de Petro.
