Las afirmaciones del presidente Abelardo de la Espriella sobre el rumbo de las Empresas Promotoras de Salud cayeron mal en el sector. Según reportó El Colombiano, sus palabras sobre el futuro de estas entidades difieren del mensaje que venía manejando la ministra de Salud, y eso prendió las alarmas entre pacientes, clínicas y hospitales de todo el país.
Las EPS son las administradoras de los recursos del sistema de salud colombiano. Afilian a los usuarios, gestionan las citas, autorizan tratamientos y contratan a los prestadores. Cualquier cambio en su funcionamiento afecta de inmediato la atención de quienes dependen de ellas a diario.
El sector venía trabajando con la idea de que el gobierno avanzaba en una hoja de ruta clara. Por eso el contraste entre el tono del presidente y el de la ministra tomó por sorpresa a los voceros de las EPS, a las agremiaciones de hospitales y a los defensores de los usuarios. La inquietud no es menor: sin señales unificadas, las decisiones de inversión y contratación se frenan.
Lo que más preocupa a los actores del sistema es el vacío de información. Los pacientes necesitan saber si sus EPS seguirán operando con normalidad, si habrá cambios en los planes de beneficios y si los giros a clínicas y hospitales se mantendrán oportunos. Por ahora no hay respuesta oficial que despeje esas dudas.
El gobierno tiene la responsabilidad de fijar una posición unificada sobre el rumbo de la salud. Cuando el jefe de Estado y la ministra dan mensajes distintos, el ciudadano queda atrapado entre versiones que se contradicen, sin saber a cuál atenerse ni a quién reclamarle si su servicio se interrumpe.
Más allá del ruido político, lo que está en juego es la atención de millones de colombianos. Los pacientes con tratamientos en curso, los usuarios crónicos y los profesionales de la salud necesitan señales estables para planear su atención en los próximos meses.
El Congreso, la Defensoría del Pueblo y la Superintendencia de Salud también quedaron a la expectativa. Cualquier ajuste al sistema exige concertación con los actores y respeta los tiempos del debate democrático, algo que esta semana quedó en entredicho por la falta de alineación interna en el Ejecutivo.
La pelota está ahora en manos del gobierno nacional. Hasta tanto el presidente y su ministra no salgan juntos a explicar el plan, la incertidumbre seguirá marcando la agenda del sector salud en Colombia.
