El Centro Democrático consiguió que Honorio Henríquez quedara al frente de la mesa directiva del Senado, según reportó El Colombiano. Con esa elección, la bancada se quedó con el manejo de una de las dos corporaciones del Legislativo en el arranque del nuevo período constitucional. La noticia fue leída como un triunfo interno del partido y, a la vez, como un tropiezo para el gobierno que recién comienza a armar su equipo.
La presidencia del Senado se define por mayoría simple entre los miembros de la Corporación, en la primera sesión de cada legislatura. Quien llega a esa silla controla el orden del día, la asignación de ponencias y la dinámica de los debates. Por eso, para un gobierno recién posesionado, perder la Mesa Directiva equivale a empezar sin el pilote automático con el que suelen contar los Ejecutivos en sus primeros meses.
Hasta ahora, la bancada que designa al presidente del Senado suele ser la que tiene mayor número de senadores o la que negocia mejor con los partidos chicos. El Centro Democrático venía de varios años como una de las fuerzas más nutridas en esa Corporación, lo que le da margen para armar acuerdos sin depender de una sola alianza formal. Esa capacidad de gestión interna es la que, según la fuente, terminó pesando en la elección de Henríquez.
Para el gobierno de De la Espriella, la derrota en la Mesa Directiva obliga a recalcular. Un presidente sin control del orden del día enfrenta debates más lentos para sus proyectos, mayor dependencia de consensos puntuales y la necesidad de armar coalición proyecto por proyecto. En la práctica, el Legislativo puede aprobar o frenar reformas con solo decidir qué temas se priorizan y cuáles se quedan en el archivo.
El resultado también cambia la lectura sobre las mayorías legislativas. Si el Centro Democrático logra retener a sus senadores históricos y suma a partidos independientes o a disidencias de otras bancadas, puede convertirse en el eje de las decisiones durante buena parte del cuatrienio. En cambio, si la coalición de gobierno consigue nuevos aliados, la figura de Henríquez quedará como un episodio y no como una tendencia.
En lo inmediato, la elección de la Mesa Directiva fija el tono del primer año legislativo. Las reformas tributaria, a la salud, pensional y de orden público, que suelen ser las cartas de presentación de cualquier Ejecutivo, dependerán de cómo se negocien las mayorías. Un Senado presidido por un partido distinto al del gobierno obliga a la Casa de Nariño a construir consensos desde el día uno, en lugar de imponer una agenda.
La lectura política, según recoge El Colombiano, es que el Centro Democrático recuperó visibilidad y poder de negociación. Para el gobierno entrante, el episodio es una señal de que necesitará una coalición amplia y disciplinada para sacar adelante su programa. La nueva mesa directiva del Senado, con Henríquez a la cabeza, empezará a sesionar en los próximos días y ahí se verá la primera prueba de fuego del nuevo mapa de poder.
