La elección de la mesa directiva del Senado, prevista para el 20 de julio, se convirtió en la primera disputa política del nuevo ciclo que arranca con la posesión de Abelardo de la Espriella como presidente de Colombia. En la cuenta regresiva, al menos seis nombres circulan en los pasillos del Capitolio como posibles candidatos a presidir esa corporación, según reportó Caracol Radio.
Tres partidos tradicionales ya movieron sus fichas. El Centro Democrático, el Partido Conservador y La U oficializaron postulaciones propias para quedarse con la dirección del Senado. La sola presencia de estas bancadas en la baraja muestra que el cargo se negocia desde ahora, antes incluso de que se conozca la composición definitiva de mayorías en la nueva legislatura.
En esa disputa entró Salvación Nacional con un argumento distinto. La colectividad sostiene que la Presidencia del Senado le corresponde por derecho propio, pues asegura haber sido la primera fuerza política en respaldar a De la Espriella, incluso antes de que su candidatura fuera vista como una opción real para gobernar al país. Esa pretensión cambia el cálculo, porque pone sobre la mesa un criterio de lealtad política temprana como moneda de cambio.
La relevancia de quién ocupe la Presidencia del Senado va más allá del protocolo. Quien dirija la corporación durante la instalación legislativa será el encargado de tomarle juramento al nuevo jefe de Estado el 7 de agosto. Es decir, la misma persona que se siente en la testera del Capitolio ese día le impondrá la banda presidencial a De la Espriella, en un gesto con alto valor simbólico para el nuevo gobierno.
La elección de la mesa directiva también define la correlación de fuerzas para los cuatro años siguientes. La Presidencia del Senado controla el orden del día, la priorización de proyectos y la integración de las comisiones de conciliación. Para un gobierno que arranca sin mayorías aseguradas, asegurar esa silla se vuelve una de las primeras batallas de gobernabilidad.
Hasta ahora ninguno de los partidos involucrados ha cerrado un acuerdo. El Centro Democrático, el Conservador y La U hablan con sus propias bancadas, mientras que Salvación Nacional defiende una postulación que sus rivales no reconocen como automática. La fragmentación del Congreso, sumada a la ausencia de un bloque único que respalde al nuevo gobierno, anticipa semanas de negociación previas al 20 de julio.
La decisión final llegará cuando se conforme la nueva mesa directiva en sesión plenaria. Mientras tanto, los seis nombres que hoy circulan sirven como termómetro de las alianzas que se tejen en el Capitolio. Lo que se defina ese día no solo le pondrá la banda presidencial a De la Espriella, también mostrará cómo se reordenó el poder entre las colectividades que acompañaron y las que se opusieron a su llegada a la Casa de Nariño.
