El presidente Abelardo de la Espriella fijó este lunes una postura pública frente al secuestro en Colombia al escribir en su cuenta de la red social X que "la vida y la libertad de los colombianos no son moneda de negociación". El mensaje fue interpretado como un rechazo frontal a cualquier canje con el ELN, guerrilla que aún mantiene personas plagiadas en distintas regiones del país.
De acuerdo con la información divulgada por Noticias RCN, el jefe de Estado se refirió de manera directa a los secuestrados cuya suerte se ha convertido en tema de debate nacional, luego de que distintos sectores plantearan la posibilidad de un acuerdo humanitario o un intercambio similar al que se intentó en años anteriores. La frase presidencial cerró esa puerta, al menos en el plano discursivo.
El ELN es una guerrilla activa desde 1964 y, pese a los intentos de diálogo de gobiernos anteriores, ha mantenido el secuestro como una de sus prácticas de financiación y presión política. En distintos periodos, esa práctica ha sido denunciada por organizaciones de derechos humanos y por familiares de las víctimas, quienes reclaman libertad unilateral o intervención del Estado para rescatar a los cautivos.
La decisión de no negociar canjes no es nueva en la historia reciente. Gobiernos anteriores también han rechazado la figura del intercambio humanitario, argumentando que entregar guerrilleros presos o concesiones políticas a cambio de secuestrados termina estimulando la repetición de la práctica. En ese debate coinciden voces civiles y militares que piden privilegiar operaciones de rescate sobre acuerdos.
Para los familiares de los secuestrados, el pronunciamiento presidencial tiene un efecto inmediato. Algunas familias venían promoviendo acercamientos o campañas para una liberación negociada, por lo que la declaración puede obligarlas a revaluar sus estrategias y volcarse hacia operativos de fuerza o mediación de la Iglesia y de organismos internacionales como la Defensoría del Pueblo y la Cruz Roja.
En el plano institucional, el mensaje del presidente se suma a la línea de seguridad que su administración ha venido trazando desde el inicio del mandato, centrada en la lucha frontal contra los grupos armados y el rescate de personas en cautiverio. La consecuencia operativa es que las Fuerzas Militares y la Policía Nacional mantendrán la presión en los frentes donde el ELN mantiene presencia histórica.
En el escenario internacional, el pronunciamiento también genera señales. Países como Noruega y Cuba, que han actuado como garantes en procesos de paz fallidos con esa guerrilla, observan con atención cualquier giro discursivo que cierre la puerta a la mediación. Expertos en conflicto llaman a mantener los canales humanitarios abiertos para atender a los cautivos, incluso cuando se descarta el canje político.
Quedan varios asuntos por definir en los próximos días. El primero es la identidad y el número exacto de secuestrados que hoy están en poder del ELN, dato que las Fuerzas Militares señalan. El segundo, la activación de operativos de rescate en zonas selváticas y fronterizas donde la guerrilla tiene capacidad de retención. Y el tercero, la respuesta del ELN a la descalificación pública, que suele traducirse en retaliaciones contra los cautivos o en comunicados que presionan al Gobierno.
Por ahora, el Gobierno deja claro que no habrá mesa paralela para discutir intercambios. La ciudadanía queda a la espera de información oficial sobre operativos en curso y sobre la suerte de quienes permanecen privados de la libertad por el ELN, mientras el debate entre negociación y rescate sigue abierto en la opinión pública.
