El Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba emitió un comunicado en el que rechaza de manera expresa las declaraciones del presidente electo de Colombia, Abelardo de la Espriella Otero. Según la información publicada por la fuente, el dignatario colombiano anunció que su gobierno cerrará la Embajada de Colombia en La Habana y que no mantendrá ningún tipo de vínculo con la isla.
De acuerdo con la Cancillería cubana, esa postura constituye, a su juicio, un acto de subordinación a la política de agresión que atribuye a Estados Unidos. En su pronunciamiento, Cuba sostiene que la decisión se aparta de las relaciones de amistad y hermandad que, según el gobierno de la isla, han sostenido ambos países a lo largo de décadas.
Colombia y Cuba han mantenido vínculos diplomáticos ininterrumpidos desde 1934, cuando el gobierno de Enrique Olaya Herrera estableció relaciones formales con la isla. En las décadas siguientes, la relación bilateral atravesó distintos momentos de cercanía y distancia, marcados por los cambios políticos internos en cada país y por el contexto de la Guerra Fría.
Uno de los hitos más recordados en la relación bilateral ocurrió en 1959, tras el triunfo de la Revolución cubana y la posterior ruptura de relaciones durante buena parte de la segunda mitad del siglo XX. La normalización definitiva se produjo en 1981, durante el gobierno de Julio César Turbay Ayala, y desde entonces ambos países han mantenido sedes diplomáticas permanentes en Bogotá y La Habana.
En la práctica, la embajada colombiana en La Habana se encarga de asuntos consulares como la atención a colombianos residentes en la isla, la gestión de visas y la cooperación bilateral en temas comerciales, culturales y académicos. Cuba, por su parte, ha sido un interlocutor tradicional de Colombia en escenarios multilaterales y en procesos de paz, dado su papel como garante de las negociaciones entre el gobierno colombiano y grupos armados.
La decisión anunciada por Abelardo de la Espriella se inscribe en un contexto más amplio de tensiones entre Cuba y Estados Unidos, reforzadas por el embargo económico vigente desde 1962. Para La Habana, cualquier alineamiento del gobierno colombiano con Washington en materia de política exterior hacia la isla representa un punto de fricción sensible.
En el plano interno colombiano, el cierre de una embajada y la ruptura de relaciones diplomáticas con un país requieren decisiones formales que pasan por el Ministerio de Relaciones Exteriores y, en muchos casos, por el Congreso de la República. Hasta ahora, según la fuente, se trata de un anuncio del presidente electo y no de una medida ejecutada.
La respuesta cubana deja abierta la puerta a un deterioro mayor en la relación bilateral si la decisión se concreta una vez el nuevo gobierno asuma funciones. El comunicado refleja el tono de la diplomacia de la isla frente a lo que percibe como un giro en la postura histórica de Colombia hacia el Caribe.
Queda por verse cómo se traduce este anuncio en acciones concretas durante el período de transición y los primeros meses de gobierno. Tanto la embajada colombiana en La Habana como los connacionales residentes en Cuba esperan señales claras sobre el futuro de los servicios consulares y de los acuerdos vigentes entre ambas naciones.
