Felipe Becerra manifestó su respaldo a la iniciativa del presidente Abelardo de la Espriella de suprimir el impuesto al patrimonio, una de las propuestas que ha marcado la agenda económica del nuevo Gobierno. En declaraciones recogidas por Blu Radio, el empresario sostuvo que gravar el patrimonio de las empresas termina por asfixiar al sector productivo y limita su capacidad de generación de riqueza.
Becerra fue categórico al afirmar que "si el empresariado se ve ahogado, no hay forma de ayudar", una frase que resume el argumento central de quienes defienden la medida. Según su lectura, las cargas tributarias sobre el capital desincentivan la inversión privada, reducen la capacidad de contratación y terminan por debilitar el crecimiento económico nacional.
La propuesta se inscribe en el debate sobre la estructura tributaria colombiana, un tema que ha dividido históricamente a analistas, gremios y académicos. Mientras algunos sectores piden más progresividad en los impuestos, otros argumentan que tasas elevadas sobre la riqueza y el patrimonio terminan por trasladarse a consumidores y trabajadores. La iniciativa de De la Espriella se ubica claramente en este segundo frente.
Para los defensores de la eliminación, el impuesto al patrimonio es considerado un gravamen que castiga el ahorro y la acumulación de capital, desincentivando la inversión de largo plazo. Argumentan que sin patrimonio robusto es difícil financiar proyectos productivos, expandir empresas o sostener nóminas, lo que termina afectando directamente a los trabajadores.
El impacto potencial sobre el empleo es uno de los puntos más sensibles del debate. Si las empresas cuentan con mayor liquidez tras la eliminación del tributo, en teoría podrían destinarla a nuevos proyectos, expansión de operaciones y contratación. Sin embargo, los críticos de la medida advierten que el beneficio fiscal podría no traducirse automáticamente en más inversión y que el Estado perdería una fuente importante de recursos para programas sociales.
La discusión también pone sobre la mesa la necesidad de compensar el posible faltante recaudatorio. En Colombia, el impuesto al patrimonio ha sido una herramienta de carácter temporal en varias ocasiones, utilizada para atender emergencias fiscales. Eliminarlo de manera definitiva implica reordenar las prioridades presupuestales y buscar fuentes alternativas de ingresos, una tarea que el Gobierno tendrá que abordar en su propuesta de reforma tributaria.
Más allá del efecto fiscal, la propuesta tiene un componente político y simbólico. Quitar un tributo que pesa sobre los patrimonios más altos suele generar respaldo entre los gremios económicos y rechazo entre organizaciones sociales que piden mayor redistribución. La reacción de Becerra refleja el sentir de buena parte del empresariado colombiano, que ha pedido señales claras de confianza inversionista.
Por ahora, la iniciativa deberá surtir su trámite en el Congreso, donde requerirá mayorías para su aprobación definitiva. El debate que se viene promete ser intenso, con argumentos técnicos sobre el efecto en la inversión, el empleo y la equidad tributaria. Los ojos estarán puestos en cómo el Gobierno de De la Espriella sustenta la medida y en qué términos se negocia con las distintas bancadas.
