El próximo 20 de julio, cuando se cumple un año más del grito de Independencia, el Congreso de Colombia instala formalmente su nueva legislatura para el periodo 2025-2026. En esa sesión inaugural la plenaria del Senado y la de la Cámara de Representantes deben elegir a quienes presidirán cada una de las corporaciones durante el primer año, una decisión clave para el trámite de todas las leyes y actos legislativos que lleguen al Congreso.
Según la fuente, la jornada se abrirá con la incertidumbre que arrastra la elección del Senado. La coalición que acompaña al Gobierno de Abelardo de la Espriella llegó a la recta final sin un nombre de consenso y, según el reporte de El País, persisten las tensiones internas por los candidatos que han sonado para ese cargo.
El fenómeno ha sido descrito por la prensa como "fuego amigo" dentro de la nueva coalición oficialista en el Congreso. En la práctica, eso significa que los propios partidos y movimientos que se declararon parte de la alianza de Gobierno no han logrado unificar un solo postulante y mantienen activas varias candidaturas, lo que obliga a negociar hasta el último momento.
La presidencia del Senado es una de las posiciones más codiciadas del Legislativo. Quien la ocupa define el orden del día, modera los debates y juega un papel central en el trámite de proyectos clave, entre ellos los que el Gobierno necesita para sacar adelante su agenda legislativa. Por eso, para el Ejecutivo asegurar ese sillón suele ser tan importante como tener el control de las mayorías.
El día de la elección las bancadas suelen negociar paquete con paquete: se reparten mesas directivas en Senado y Cámara, comisiones constitucionales y comisiones legales. Si la coalición oficialista llega dividida, como describe la fuente, otros bloques políticos, incluidos los partidos de oposición, pueden inclinar la balanza con menos votos de los previstos.
En la Cámara de Representantes, aunque el proceso también arranca el 20 de julio, la elección tiene otra dinámica. Con más curules y bancadas más pequeñas, los acuerdos suelen requerir más tiempo y más conversaciones entre los coordinadores de los distintos partidos. Lo que ocurra en cada corporación puede terminar condicionando lo que pase en la otra, porque las bancadas suelen mirar el resultado del Senado antes de cerrar el suyo.
Para la ciudadanía, lo que se decida este 20 de julio tiene efectos prácticos. La presidencia de cada corporación determina la velocidad con la que pasan proyectos sobre seguridad, economía, salud, educación o paz, y la prioridad que se le dé a debates de control político sobre ministerios y entidades del Estado, una función clave del Legislativo frente al Ejecutivo.
La fuente agrega que el nivel de tensión interna ha sido alto en las últimas horas, con señalamientos entre distintos sectores de la coalición. Mientras no haya un nombre de consenso, los senadores aliados del Gobierno pueden terminar votando por candidatos distintos o llegar a la elección con un postulante único negociado en el último minuto.
Quedan pendientes, entre otros puntos, la confirmación oficial de la candidatura que llevará la coalición al Senado, el reparto de la mesa directiva de la Cámara y la integración de las comisiones constitucionales, que también se vota en las primeras sesiones. Cualquier definición a última hora el 20 de julio abrirá o cerrará el camino para los proyectos insignia del Gobierno durante el primer año legislativo.
La elección, en todo caso, será pública. La sesión de instalación del Congreso se transmite en vivo por el canal del Congreso y por medios públicos y privados, lo que permite seguir en tiempo real los acuerdos, las votaciones y los tropiezos de una jornada que define el ritmo político del país durante los próximos doce meses.
