Un asesor cercano al presidente Abelardo de la Espriella salió a marcar distancia con el tono confrontativo que habían tenido los intercambios recientes con el expresidente Álvaro Uribe Vélez. En declaraciones recogidas por la fuente, el funcionario reconoció que hubo una "divigencia" y lanzó un mensaje conciliador: "Pasemos la página".
El pronunciamiento se produce en un momento sensible para la coalición que respalda al gobierno de Abelardo de la Espriella. Los roces entre el Palacio presidencial y el líder natural del partido de gobierno se habían acumulado en las últimas semanas, con declaraciones cruzadas que generaban ruido en la opinión pública y en sectores del Congreso.
Según la fuente, el asesor enmarcó su llamado en una idea de unidad nacional. Su frase clave fue que "la patria está por encima de todo", una fórmula que buscaba bajar la temperatura política y reabrir el diálogo entre el Ejecutivo y el uribismo, una de las fuerzas más gravitantes en la política colombiana de los últimos años.
El uso del término "divergencia" en lugar de "ruptura" o "distanciamiento" no parece casual. Con esa palabra, el círculo presidencial reconoce que existen diferencias reales con Uribe, pero al mismo tiempo las presenta como superables, sin convertirlas en una fractura formal de la coalición.
La figura de Álvaro Uribe mantiene un peso específico en la derecha colombiana. Su respaldo fue determinante en la elección de Abelardo de la Espriella y su influencia en las bancadas parlamentarias afines sigue siendo un factor que el gobierno no puede ignorar a la hora de tramitar reformas, debates de control político y nombramientos clave.
Hasta ahora, la Casa presidencial no había fijado una posición pública tan explícita sobre el entredicho. Las declaraciones del asesor llegan, entonces, como un primer gesto oficial orientado a reencauzar la relación y a evitar que el conflicto interno termine por trasladarse al Congreso o a las elecciones regionales que se avecinan.
El mensaje también puede leerse como una operación política preventiva. Una ruptura abierta con el uribismo debilitaría la ya ajustada gobernabilidad y abriría el flanco para que la oposición capitalize el desencuentro. Reconocer la divergencia y, al mismo tiempo, proponer cerrarla, busca desactivar ese riesgo.
Por ahora, el expresidente Uribe no se ha pronunciado sobre este nuevo capítulo. La respuesta del uribismo a la bandera blanca tendida por el asesor será clave para medir si la distensión es genuina o si el conflicto de fondo, cuyas razones concretas no detalla la fuente, sigue latente bajo la superficie.
Lo que queda sobre la mesa es si las declaraciones se traducirán en hechos concretos. Un encuentro entre delegados de ambas orillas, una reunión entre el propio presidente y el exmandatario, o gestos recíprocos en el Congreso podrían ser los próximos pasos que confirmen que el llamado a "pasar la página" va en serio.
