Según el reporte del Diario del Cauca, el presidente Gustavo Petro giró una directriz para que ningún establecimiento de la Fuerza Pública sirva como escenario de la posesión de Abelardo de la Espriella. La instrucción, de carácter explícito, fue comunicada a la cadena militar con el propósito de evitar que el relevo presidencial se traslade a un cuartel.
El sustento de la orden, de acuerdo con la misma fuente, es de orden constitucional. Petro sostiene que la juramentación del nuevo jefe de Estado debe ocurrir ante el Congreso de la República y dentro del marco fijado por la Constitución. Bajo esa lectura, un recinto castrense no sería la sede natural del acto.
La decisión llega en un contexto de cambio de gobierno y de transición institucional. En Colombia, la posesión del presidente y vicepresidente se realiza en sesión solemne de la Corporación, según lo establecido en la Carta Política y en la ley. Cualquier variación sobre el lugar o la forma del juramento suele generar debate jurídico y político, por la trascendencia del momento para la continuidad del Estado.
Con esta directriz, el Gobierno busca despejar dudas sobre el sitio de la ceremonia y cerrar la posibilidad de que se adelante en predios bajo mando militar. La instrucción es una orden presidencial, lo que implica que las Fuerzas Armadas deben acatarla en el marco de la disciplina y la jerarquía que rigen a las tropas.
Desde el punto de vista institucional, las Fuerzas Armadas en Colombia están subordinadas al poder civil, principio recogido en la Constitución. Eso significa que los comandantes militares obedecen al presidente como comandante supremo, y que sus instalaciones están al servicio de la defensa y la seguridad nacional, no de actividades ajenas a esa misión, salvo autorización expresa.
La controversia se produce en un ambiente de tensión política, como lo registra el titular del Diario del Cauca. La orden de Petro impide que la ceremonia se mueva del Congreso a un cuartel, y al mismo tiempo reabre el debate sobre qué papel deben jugar las fuerzas militares en momentos de alta sensibilidad democrática. Hasta el momento, según la nota, no se conocieron voces oficiales de la campaña de De la Espriella que confirmen o descarten un eventual cambio de plan.
Para la ciudadanía, el punto central es de procedimiento: dónde y cómo se posesiona quien asume la primera magistratura. El lugar de la juramentación tiene valor simbólico y jurídico, pues es allí donde el nuevo presidente se compromete a cumplir la Constitución y las leyes. Cualquier alteración del protocolo activa alertas sobre legitimidad y tradición republicana.
Lo que queda por ver es si la instrucción se mantiene firme hasta el día de la posesión o si surgen gestiones que busquen replantear el sitio de la ceremonia. También se observará la reacción oficial de los comandos militares y de los equipos cercanos a De la Espriella, en un tramo final del calendario de transición que suele ser escenario de acuerdos y discrepancias de última hora.
