El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, confirmó este miércoles que Colombia seguirá en la lista de países descertificados en la lucha contra las drogas, una categoría que Washington reserva para las naciones que, según su propia evaluación, no cumplen con los compromisos internacionales contra el narcotráfico. La Casa Blanca hizo el anuncio en el marco de su revisión anual sobre los principales productores y rutas de drogas, según reportó CNN en Español.
Colombia fue incluida en esa lista hace un año, en medio de una de las peores crisis diplomáticas entre Bogotá y Washington en las últimas décadas. En ese momento, el Gobierno colombiano respondió con medidas arancelarias y de otro tipo, y los dos países terminaron negociando una salida que incluyó el envío de buques colombianos con destino a Asia. Las relaciones quedaron tensionadas desde entonces.
La descertificación no es una sanción en sí misma, pero sí tiene efectos prácticos. El marco legal estadounidense obliga al Gobierno federal a recortar parte de la ayuda que entrega a los países incluidos, y deja en manos del Congreso la decisión sobre otros recortes. Además, Washington puede condicionar el voto en los organismos financieros multilaterales, lo que afecta el acceso a créditos.
Para Colombia, una descertificación sostenida es un golpe político más sensible que comercial. El país es el principal aliado de Estados Unidos en la región en materia de seguridad, y ha recibido durante décadas cooperación antinarcóticos, equipos y capacitación de la Agencia Antidrogas de EE. UU. (DEA) y del Departamento de Estado. La decisión obliga al nuevo Gobierno a reconstruir esa confianza con resultados concretos.
El anuncio de Trump llega a pocos días del cambio de mando en Colombia. El presidente Abelardo de la Espriella asume en un contexto económico difícil, con una presión fiscal alta y una inflación que el Banco de la República ha tratado de controlar. Dentro de ese escenario, la cooperación internacional es un insumo relevante para la estrategia de seguridad, sobre todo en regiones donde el Estado tiene presencia limitada.
En su comunicado, la Casa Blanca sostuvo que espera mejoras del nuevo Gobierno colombiano. Esa fórmula deja la puerta abierta a que la próxima certificación sea distinta si Bogotá presenta resultados verificables en reducción de cultivos, interdicción y judicialización de las redes. El tono, sin embargo, es de advertencia y no de respaldo.
En Colombia, la descertificación ha sido rechazada por voces políticas de distinto signo durante el último año. Sectores cercanos a las Fuerzas Armadas han señalado que Colombia cumple de forma sostenida con la lucha contra el narcotráfico, y que los indicadores de erradicación forzosa y de capturas muestran resultados. Otros críticos han pedido cambios en la estrategia, especialmente en lo que tiene que ver con el tratamiento de los cultivos de uso ilícito y la sustitución voluntaria.
El reto para el nuevo Gobierno será entonces demostrar resultados sin que ello implique una ruptura con su propia línea política. El plan antinarcóticos que se presente ante Washington deberá incluir metas medibles y plazos concretos, y tendrá que ser asumido como una prioridad de Estado, para que no quede atado a la suerte política de un solo periodo.
La decisión deja en suspenso un capítulo clave de la relación bilateral. Colombia y Estados Unidos cooperan en seguridad desde hace décadas, y la descertificación puso en duda varios de los programas conjuntos. Lo que sigue en el calendario inmediato es la presentación del plan antinarcóticos del nuevo Gobierno y el inicio de las conversaciones técnicas con el Departamento de Estado, piezas que pueden marcar el rumbo de los próximos meses.
