El empalme entre el gobierno saliente de Gustavo Petro y el entrante de Abelardo de la Espriella se realiza esta semana en un escenario atípico: el Congreso de la República no está en sesiones plenarias y el presidente de turno no se encuentra en el país, según reporta el diario El País. Esa coincidencia de factores concentra la atención sobre cómo se está gestionando la entrega del poder público en Colombia.
El País titula su análisis 'Un empalme sin Congreso ni presidente en el país' y resume que la transición pone a prueba los cambios de poder sin rupturas. La frase define bien el momento: el país cambia de mando sin que estén en funcionamiento pleno sus dos principales escenarios de decisión, el legislativo y el ejecutivo en casa.
La coincidencia con la visita del papa, por invitación del gobierno saliente, alteró la agenda oficial de la última semana de Petro. Eventos que suelen rodear el cierre de un mandato quedaron reacomodados por la actividad papal, lo que dejó espacios reducidos para sesiones formales de empalme entre los equipos de gobierno.
El extracto citado por El País añade un elemento adicional: la ciudadanía estadounidense de Abelardo de la Espriella. Ese antecedente personal del presidente electo añade complejidad a la lectura política, porque un jefe de Estado con doble nacionalidad concentra debates sobre su lugar de residencia, su vínculo con Colombia y el alcance de sus decisiones soberanas.
La tarea del empalme recae sobre los ministerios, las superintendencias y los equipos técnicos. Cada sector debe entregar balances de gestión, contratos vigentes, deudas presupuestales y proyectos en curso. Esa información es la base con la que el nuevo gabinete empezará a formular su propio plan de trabajo en las primeras semanas.
Para la ciudadanía, los temas sensibles en la transición suelen ser la continuidad de programas sociales, los nombramientos pendientes en entidades como la Fiscalía, la Corte Suprema, las Fuerzas Militares y la Policía, así como la suerte de los decretos y reglamentaciones expedidos en los últimos meses. Las decisiones que se tomen en esas áreas definirán la primera impresión del nuevo gobierno.
El orden constitucional colombiano establece que la Presidencia se ejerce desde el 7 de agosto. El artículo 201 de la Constitución dispone que el nuevo presidente tome posesión ante el Congreso o, en su defecto, ante la Corte Suprema de Justicia y miembros del Consejo de Estado, cuando el primero no esté reunido. Esa figura adquiere relevancia en esta transición, según el contexto descrito por El País.
A la espera de que el jefe de Estado electo regrese al país y el Congreso retome sus sesiones, el empalme se mueve en una zona gris institucional. Sectores políticos y analistas citados por El País observan si la entrega avanza por carriles formales o si predominan los acuerdos entre equipos salientes y entrantes por fuera del calendario legislativo.
Lo que queda en juego es la imagen de una transición ordenada. Los próximos días mostrarán cómo se cierra el mandato de Petro, cómo se instala el gobierno de De la Espriella y de qué manera se reanuda el trabajo del Congreso para tramitar las prioridades del nuevo periodo presidencial.
