El presidente de la República, Abelardo de la Espriella, presidió la ceremonia de transmisión de mando de la nueva cúpula de la fuerza pública colombiana. El acto protocolario marca el inicio de un nuevo ciclo en el comando de las Fuerzas Militares y la Policía Nacional, según reportó el diario EL HERALDO.
Durante su intervención, el jefe de Estado fue directo al referirse a la política de seguridad del gobierno anterior. "Vamos a traerle paz a Colombia, pero no la que se negocia con los delincuentes", expresó De la Espriella, en una frase que recoge el cambio de enfoque que su administración plantea frente al conflicto armado y las organizaciones criminales.
Las críticas a la llamada paz total, bandera del gobierno de Gustavo Petro entre 2022 y 2025, fueron el eje central del discurso. Esa política se sustentó en diálogos simultáneos con múltiples estructuras ilegales, incluidos grupos como el EMC y disidencias de las FARC, bajo el principio de negociación simultánea con todos los actores armados.
Con la posesión de la nueva cúpula, el Ejecutivo busca imprimir un nuevo rumbo a la estrategia de seguridad y defensa. El presidente no entregó detalles específicos del nuevo plan en este acto, pero dejó clara la distancia con el modelo de negociación que rigió durante el período anterior, según la fuente consultada.
El mensaje tiene repercusiones directas para los ciudadanos, en particular para las comunidades afectadas por la violencia en regiones con presencia histórica de grupos armados. Cualquier giro en la política de seguridad puede modificar la dinámica en territorios donde han confluido operativos militares, mesas de diálogo y hechos de confinamiento.
La transición de mando ocurre en un contexto institucional sensible para la fuerza pública. La cúpula saliente dejó el balance de su gestión en medio de cuestionamientos por los resultados en zonas estratégicas del país, mientras la nueva comandancia asume el reto de recuperar el control territorial y fortalecer la coordinación entre las fuerzas.
La ceremonia también funciona como una señal política hacia adentro y hacia afuera. Al diferenciarse públicamente del modelo anterior, el nuevo gobierno marca distancia con su antecesor y establece las líneas generales que, según dijo, guiarán su relación con los grupos armados en los próximos años.
Queda pendiente conocer los nombres de los oficiales que encabezan las distintas ramas, los objetivos concretos del nuevo comando y la forma en que se articularán con las demás entidades del Estado responsables de la seguridad. La ciudadanía espera ver cómo se traduce el anuncio en resultados medibles en las regiones más golpeadas por la violencia.
