A doce días de la posesión presidencial de Abelardo de la Espriella, la composición del gabinete empezó a tomar forma con un rasgo regional claro: cinco de los ministros designados provienen de la Costa Caribe colombiana, según un videoanálisis publicado por EL PAÍS.
El dato llama la atención porque supera el peso poblacional y económico que la región tiene frente al centro del país. La Costa Atlántica concentra cerca de un cuarto de la población nacional y aporta una porción significativa del turismo, la industria y el comercio exterior, pero históricamente ha estado subrepresentada en los gabinetes de turno.
El reporte también destaca el anuncio del traslado de la Dirección General Marítima (Dimar) desde Bogotá hacia un destino en el Caribe. La Dimar es la autoridad nacional encargada de regular la actividad marítima y fluvial, supervisar el tráfico en puertos, coordinar el Cuerpo de Guardacostas y administrar la señalización náutica en costas y ríos.
Mover la Dimar implica algo más que un cambio de sede. La entidad maneja información sensible sobre seguridad marítima, control de narcotráfico por vía fluvial y operación portuaria. Su reubicación puede modificar la dinámica laboral de los funcionarios y la relación con los puertos de Cartagena, Santa Marta y Barranquilla.
Para los habitantes de la región, la decisión tiene un efecto directo: acercar la sede a las costas puede agilizar trámites relacionados con naves, matrículas y certificaciones, que hoy se gestionan de manera remota desde la capital.
En el plano político, el nuevo equilibrio de poder regional modifica la lectura del gobierno entrante. La presencia de cinco ministros costeños y de una entidad técnica como la Dimar en el Caribe fortalece la interlocución directa entre el Ejecutivo y las gobernaciones y alcaldías del norte del país.
Las reacciones en las regiones Caribe no se han hecho esperar. Líderes locales, gremios portuarios y representantes del sector turístico han expresado expectativas sobre el impacto de esta reconfiguración en inversiones y en la atención de problemáticas como la erosión costera, la seguridad marítima y la conectividad fluvial.
El Gobierno aún no ha detallado el cronograma de transición de la Dimar ni la sede específica dentro del Caribe. Tampoco se ha precisado si el traslado implicará nuevos concursos de mérito ni cómo se reasignará el personal que hoy labora en Bogotá.
Quedan por despejarse varios interrogantes: el plan de ejecución del traslado, la articulación con las gobernaciones receptoras y la forma en que se mantendrán los estándares técnicos de la entidad durante el proceso de mudanza.
Por ahora, el gabinete caribeño y la decisión sobre la Dimar configuran la primera señal territorial del Gobierno de De la Espriella, con efectos visibles sobre la geografía del poder en Colombia.
