El candidato a la presidencia de Colombia Abelardo de la Espriella incorporó en su discurso público la consigna “Viva Cristo Rey”, una expresión con profundas raíces en la tradición católica. La utilización de esta frase en el contexto de una campaña electoral reactivó un debate que en el país suele volver cada cierto tiempo: el de los límites entre la fe religiosa y la acción política.
Según reportó Infobae, la expresión fue empleada por De la Espriella como parte de su lema de campaña, lo que llamó la atención de analistas y votantes. La frase, históricamente asociada a movimientos conservadores y a episodios de la Iglesia católica en América Latina, fue leída por distintos sectores como una señal de identidad religiosa del aspirante y, por otros, como un elemento que mezcla religión con competencia electoral.
El debate sobre la presencia de símbolos y consignas religiosas en la arena pública no es nuevo en Colombia. La Constitución de 1991 establece un Estado laico, es decir, separado de cualquier confesión religiosa, aunque reconoce la libertad de cultos y la tradición católica del país. En ese marco, el uso de expresiones con contenido religioso por parte de un candidato no está prohibido, pero sí suele generar discusión sobre la conveniencia de invocarlas en un escenario democrático.
Para los votantes que comparten la confesión católica, retomar consignas como “Viva Cristo Rey” puede interpretarse como una forma de coherencia personal del aspirante entre sus creencias y su propuesta de país. Sectores cercanos a De la Espriella han destacado que se trata de un símbolo identitario y de una convicción profunda del candidato, no de una estrategia de marketing.
Críticos y columnistas consultados por Infobae plantearon, en cambio, que mezclar lemas religiosos con campañas políticas puede generar exclusiones simbólicas. En sociedades plurales como la colombiana, donde conviven credos cristianos no católicos, otras religiones y personas no creyentes, el uso reiterado de una consigna asociada a una sola tradición puede generar tensiones sobre la neutralidad del Estado que un eventual presidente debe garantizar.
La discusión también puso la lupa sobre el electorado colombiano, históricamente sensible a los mensajes con contenido moral o religioso. Analistas consultados en distintos medios han señalado que las frases con carga simbólica suelen activar lealtades emocionales, pero no reemplazan el debate técnico sobre propuestas de gobierno, un punto que varios sectores recordaron en redes sociales tras la difusión del lema.
En lo estrictamente electoral, la campaña de De la Espriella inscribió el “Viva Cristo Rey” como una seña de sus apariciones públicas y de sus piezas de comunicación, según la nota de Infobae. Esa decisión fue asumida por el equipo del candidato como parte de una narrativa de campaña que conecta con sectores del electorado afines a la defensa abierta de valores religiosos en la vida pública.
Lo que queda en discusión, entonces, no es la fe personal del candidato, protegida por la libertad religiosa, sino el alcance simbólico de un lema con esa carga cuando se proyecta desde una aspiración a la presidencia. El episodio deja planteado un interrogante sobre cómo los candidatos articulan sus convicciones privadas con el principio de neutralidad del Estado que, en caso de ganar, estarían obligados a presidir.
