En el Congreso de la República fueron radicados dos proyectos de ley, promovidos por miembros de distintas colectividades, con el propósito de instaurar nuevamente el voto obligatorio en Colombia. La iniciativa vuelve a poner sobre la mesa un asunto que ha sido discutido de manera intermitente durante las últimas tres décadas.
El debate no es nuevo. El país vivió bajo la obligatoriedad del sufragio durante buena parte del siglo XX. El voto dejó de ser obligatorio con la entrada en vigencia de la Constitución de 1991, que lo consagró como un derecho y un deber, pero permitió que los ciudadanos optaran por no ejercerlo sin consecuencia legal.
Desde entonces, las abstenciones en elecciones nacionales han sido altas, con frecuencia por encima del 50 por ciento de los ciudadanos habilitados para votar. Quienes defienden la obligatoriedad sostienen que esa cifra refleja una desconexión entre la ciudadanía y las instituciones, y que volver al voto forzoso podría aumentar la participación y la legitimidad de los elegidos.
Los detractores argumentan que obligar a votar no garantiza una participación informada ni resuelve el problema de fondo: la desconfianza en los partidos y en la política. A su juicio, una reforma de este tipo debería ir acompañada de cambios en la pedagogía electoral, la transparencia y la oferta política.
El alcance concreto de los proyectos, como las sanciones para quienes no voten, las excepciones y la gradualidad de la medida, es uno de los puntos que deberán definir los ponentes y las comisiones constitucionales en los próximos debates. Tampoco está definido si la obligatoriedad aplicaría a todas las elecciones o solo a las nacionales.
La sola radicación no implica que la ley avance pronto. Los textos deberán surtir los cuatro debates legislativos, con revisión en las comisiones primeras de Senado y Cámara, y enfrentar los ajustes propios de la conciliación entre las dos propuestas. Por ahora, el Congreso abrió un nuevo capítulo en una discusión que sigue dividiendo a sectores políticos, académicos y organizaciones de la sociedad civil.
Más allá del trámite, la discusión llega en un momento en el que la participación electoral es observada de cerca por organismos como la Misión de Observación Electoral y la Registraduría, que suelen señalar la brecha entre el censo potencial y el número efectivo de votantes como uno de los retos estructurales de la democracia colombiana.
