La columna de opinión publicada por El País.com.co, titulada «¿Y si Abelardo logra ser un presidente popular?», abre un escenario sobre el papel que podría desempeñar el presidente Abelardo de la Espriella ante la opinión pública. El texto parte de una premisa central: la cercanía ciudadana la clase se gana confrontando, no negociando a medias.
Según el extracto disponible, la autora o el autor de la columna contrapone dos rutas de gobierno. Por un lado, un gobierno que «enfrenta al crimen» y, por otro, uno que «construyó cuestionables alianzas con sus jefes dentro de la cuestionada ‘paz total’». La frase «me quedo mil veces con una sola» revela la preferencia editorial por la primera ruta.
La «paz total» fue la política de seguridad impulsada durante el gobierno anterior, que buscó diálogos simultáneos con múltiples estructuras armadas ilegales, desde el EMC, hasta el ELN y disidencias de las antiguas FARC. Sus resultados han sido objeto de debate público, pues se cuestionó la conveniencia de negociar con cabecillas señalados de delitos como el narcotráfico, el secuestro o el reclutamiento.
En ese contexto, la columna instala la idea de que Abelardo de la Espriella podría diferenciarse si mantiene una línea de confrontación directa contra los jefes del crimen organizado. Esa diferenciación sería, a su vez, la que le permitiría construir una base de apoyo popular en un país donde la seguridad sigue siendo una de las principales preocupaciones, según las encuestas conocidas.
El artículo también deja entrever una preocupación ciudadana por la continuidad o el cambio de las estrategias de seguridad del Estado colombiano. Para millones de víctimas del conflicto, de negocios afectados por extorsiones y de ciudadanos víctimas de secuestro y desplazamiento, la discusión entre «enfrentar» y «negociar» no es retórica: define su día a día.
La pieza no presenta cifras concretas en el extracto disponible, pero sí posiciona un debate que ya estaba instalado en la campaña. Sectores críticos con la política anterior, incluyendo gremios, partidos militares y camiones de víctimas, han cuestionado las figuras de la libertad de cabecillas o la presencia de héroes en la mesa.
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Qué sigue en definitiva: una pieza no entrega una predicción, sino una hipótesis. Queda pendiente si Abelardo de la Espriella adopta una línea de mano firme, si la sostiene en el tiempo y si esa línea se traduce en indicadores verificables de seguridad. Esa respuesta, según la columna, la dará el propio gobierno en los próximos meses.
